Época preelectoral

Época preelectoral

Epoca preelectoral

No cabe duda del intenso interés que los políticos le tienen a la masiva publicidad. Las millonarias campañas que tienen en los medios de comunicación, son sólo una porción de todo el esfuerzo que deben hacer para comprar lo que con ideas son absolutamente incapaces de ganar.  Día y noche en los últimos días se han escuchado los lemas de siempre “manos limpias”, “duro contra la corrupción”, “por una sociedad democrática”, “por la educación”, en fin.

Así entonces, no resulta desatinado recordar que ellos prometen, lo que han debido trabajar en sus periodos legislativos y se han negado a hacerlo. Los mensajes de los protagonistas de la politiquería son falacias de gran calibre que pueden engañar a los ingenuos y hacerles creer, por lo menos por unos meses que el cambio si es posible. Ahora bien, si de cambio hablamos, para llegar al él, el primer problema a superar es el abstencionismo crónico que sufre Colombia, y en segundo lugar – tal vez el más importante – no votar por los mismos, por quienes han hecho del congreso su negocio y escampadero.

Luis Gabriel Rodríguez

Luis Gabriel Rodríguez

Roberto Gerlein (el dinosaurio conservador) ha estado 39 años en el Senado y sobra hablar de sus aportes legislativos, dado que brilla por su


anquilosamiento, ha presentado 28 proyectos de ley, cuando hay senadores que en menos de 8 años han presentado alrededor de 150 proyectos. Es ahí cuando cabe preguntarse ¿Qué hacen allá personajes como él? Eduardo Enriquez Maya, lleva 16 años en el Congreso de la República y su gran aporte fue la conciliación de la fallida reforma a la justicia y el apoyo irrestricto a los gobiernos de turno. El lema de su campaña es: Eduardo Enriquez Maya “Sí legisla”. Lo que no nos cuenta, es en favor de quien.

Y así, se podría enumerar y estudiar a más de doscientos congresistas que darían mucho de que hablar, pero no es prudente enumerar a cada infame que hace parte del circo político encargado de hacer las leyes en nuestro país, aquellos que con máscaras benévolas y mentirosas salen a ganar el favor de la ciudadanía; ya que la idea no es generar más tristeza, desengaño e ira, no es sensato, dado que, ante la impotencia las personas caerían en el desentendimiento.

Sin embargo, no sobra exhortar a los colombianos y colombianas a ver un poco más allá de los lemas de sus “líderes”, entronizar en sus ideas, y así, elegir verdaderos programas legislativos. Lastimosamente, existen muchas personas que les creen, algunos por absoluta ingenuidad e ignorancia y otros porque están encadenados en las entidades públicas que ellos dominan, y para no perder su empleo, dan vía libre a su masoquismo y siguen aguantando los golpes certeros que sus “caudillos” les otorgan en agradecimiento a sus votos.

Ahora que estamos en tiempos preelectorales, nos quedan dos opciones, una es otorgar nuestro voto a un candidato legítimo, que no esté inmerso en escándalos de tráfico de influencias, corrupción y mermelada, así, mientras otros fantasean con discursos de garaje, nosotros simplemente nos reímos. Y otra es seguir creyendo que en manos de los mismos el país va a mejorar, el empleo va a aumentar, la educación será de calidad y la salud incluirá a todos, en otras palabras, legitimar la demagogia propia de los politiqueros de turno.

No olviden que en épocas preelectorales, todo cambia de color…

Por: Luis Gabriel Rodríguez

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