Escribir sin mapa pero con brújula

Escribir sin mapa pero con brújula

Juan Gabriel Vásquez
Por Juan Manuel Rodríguez B
@Vieleicht

Creo que la vida debería consistir en leer, escribir y tomar café, dedicando la mayor parte de cada día a esas tres actividades. Sin embargo, a la velocidad que hoy se mueve el mundo parecería un imposible, pero es bueno saber que existen personas que lograron convertir la escritura y literatura en un estilo de vida.

Hace dos semanas tuve la oportunidad, junto con el colectivo de escritores Bogotá Writers, de conversar con el escritor Colombiano Juan Gabriel Vásquez, quien escribió su primer cuento a los ocho años, publicado en el anuario de su colegio. Él afirma que no recuerda ningún momento de su vida en el cual no haya interpretado al mundo a través de la escritura y los libros, incluso en aquella época donde lo único que parecía interesarle era el fútbol. En ese entonces su papá le pagó para que tradujera una biografía de Pelé del inglés al español.

Me contó que comenzó a estudiar derecho, porque “uno no levanta la mano para decir: yo quiero escribir novelas” y recibir un aplauso por parte de los padres. Pero faltando dos años para terminar la carrera se dio cuenta que la literatura era más que un simple pasatiempo, así que experimentó una gran revelación: “o me dedico a la escritura o voy a ser infeliz por el resto de mi vida”.

Una vez obtuvo el diploma se lo entregó a sus padres y les dijo, “guárdenlo donde quieran” Después se fue a París a estudiar literatura en la universidad de la Sorbona, proceso durante el cual Juan Gabriel se dio cuenta que para él era necesario descubrir el lugar que ocupaba la literatura en su vida, la cual en un principio le permitió entender el mundo, y ahora le sirve para estar en él. “Me dedico de forma completa y obsesiva para que la literatura sea el centro de mi vida” dijo.

Juan Gabriel también afirma que “la inspiración no existe y que lo único que importa es el trabajo. Construir una rutina diaria, dentro de la cual en las largas horas del día llegan unas líneas que valen la pena.

Le pregunté cómo abordaba sus ideas y de qué forma construye la trama de cada una de sus novelas. Respondió que de acuerdo a Javier Marías, uno de sus escritores preferidos, existen dos tipos de escritores: Los que escriben con mapa y aquellos definen un norte y andan con brújula. Él pertenece al segundo grupo. Al escribir, siempre sabe dónde queda ese norte pero nada más.

Cuando Vásquez escribe, parte de un personaje que se encuentra inmerso en un conflicto, y arranca a escribir para descubrir quién es ese personaje. Precisamente eso fue lo que le ocurrió con “El ruido de las cosas al caer”. Tuvo conocimiento de Ricardo Laverde, y una mezcla de casualidades, más la suerte del escritor, conspiraron para que la novela comenzara a tener forma.

En 1998 en una librería en Bélgica, se encontró con la transcripción de la caja negra (elemento fundamental de la novela), y destinó esa información a algo que él denomina “el cajón del desastre”. Luego, en una librería en Gales se encontró con unas cartas de los Peace Corps, que también destino al mismo lugar, y así fue recopilando información e historias, como la de un piloto que traficó droga, hasta que por fin pudo concluir la novela.

Tal vez la clave para una vida plena se encuentra en no utilizar mapa alguno, abrirle la puerta a la incertidumbre y casualidad, pero siempre con un norte definido, y una brújula para nunca perder la ubicación.

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