Estudios demuestran que hay estudios que demuestran puras pendejadas

Estudios demuestran que hay estudios que demuestran puras pendejadas

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¿Qué le pasó academia?, hasta hace unos años tenía entendido que las universidades se dedicaban a hacer investigaciones exhaustivas sobre temas relevantes. Recuerdo haber visto más de una vez fotos de mis profesores vestidos como apicultores futuristas en la “sala limpia” investigando las propiedades de nanomateriales, ¡era el futuro, carajo!

Si desde que salí de la universidad me guiara por la escasa ciencia que se ve en los medios, tendría que concluir que la academia se perratió. Uno prende el radio y se encuentra con que algún estudio ha logrado demostrar alguna bobaliconada, estudios analizados y plasmados en notas de prensa que parecen diseñados para hacer sentir mejor consigo mismo al incauto que se los cree:

¿Tiene problemas de Esfínteres? Felicitaciones, estudios demuestran que la gente inteligente tiene más dificultades para controlar sus secreciones corporales.

De hecho, hice el experimento buscando en google “estudios demuestran inteligentes” y me encontré con que hay estudios que demuestran la inteligencia superior de los que gustan de vivir en las grandes ciudades, que son fieles, que son dispersos, que tienen insomnio, que son ateos, que son bilingües, que no ven pornografía, que consumen alcohol, que usan iPhone y las mujeres celosas que no quieren ser mamás.

Por un lado, me alegra que los medios lleguen a interesarse en la ciencia, así sea para usarla de fuente de información banal y boba (algo es algo), aunque no dudo que muchos de esos ‘estudios demuestran’ que uno ve en los titulares no sean más que un intento de moralizar a la población, en donde el ser “buen samaritano” o “buen cristiano” se ha sustituido por ser “más inteligente”. Sin ir más lejos, hace unas semanas “salió un estudio” a partir del cual algunos brillantes periodistas concluyeron que la gente que oye reguetón es más tonta, así sin más, ahora la inteligencia de uno depende de la música que escucha, algo así como el efecto Mozart pero a la inversa, efecto que entre otras cosas hay aclarar que no ha podido ser demostrado, aunque se empeñen en lo contrario quienes le venden a los papás más ingenuos colecciones que parecen grabaciones de Melodía Estéreo sin las noticias para ejecutivos.

Pero los estudios inoficiosos van más allá de dedicarse a determinar quién es inteligente y quién no, también están los que yo llamo “Sextudios”: estudios que demuestran que el sexo aumenta la expectativa de vida, mejora la salud, sirve de analgésico, levanta el ánimo (¡Qué novedad!), favorece el sueño (haciendo menos inteligentes a los que padecen de insomnio, supongo), mejora la salud emocional y aumentan la inteligencia (¡Moñona!). También están los estudios que demuestran que los besos consumen calorías, mejoran las relaciones interpersonales (cuando son de mutuo acuerdo, obviamente), mejoran la salud cardiovascular, aumentan las capacidades de aprendizaje, sirven de analgésicos y hasta de antibióticos. En pocas palabras, tus besos no son como caramelos sino más bien como una mezcla entre Jugo de Noni y Reduce Fat Fast.

Yo por mi parte prefiero tomar ese tipo de conclusiones con escepticismo, porque como dije más arriba, hay mucho del discurso moral predominante de nuestra época en ellas, sobre todo hablando de algo tan subjetivo como, por ejemplo, la inteligencia. Hace ya casi cien años, estudios del mismo talante buscaban medir la inteligencia a través de una técnica llamada Craneometría. Uno de los pioneros de este tipo de estudios fue Samuel George Morton, estadounidense que durante la guerra de secesión demostró convenientemente que el hombre blanco era más inteligente que el negro, llegando a considerarlos incluso como especies separadas. A pesar de que las teorías de Morton no fueron muy tomadas en cuenta por la comunidad científica de la época, esto poco le importó a los esclavistas, quienes se basaron en la “ciencia” de Morton para justificar sus prácticas.

Alguien a estas alturas podría pensar que soy un paranóico por buscar posibles oscuras intenciones a la producción y difusión de unos estudios que parecen hechos más que todo, para entretener a la gente y subirle el ánimo. En mi defensa diré, que ya debe haber algún estudio, de alguna universidad, que me de la razón.

Por: Emmanuel José Ariza

Twitter: @DivisiónDeAriza

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