Hipsters, los íconos congelados

Hipsters, los íconos congelados

Luis Ángel Muñoz

Luis Ángel Muñoz

Cuando de bichos raros se trata, no sólo pensamos en la verde María Palito o el castor con pico de pato llamado ornitorrinco. Basta con mirar en las calles, los buses, el transporte masivo, en los rincones de las universidades y sobre todo en la oscuridad de las habitaciones alumbradas por un monitor, para encontrarse con un espécimen superior, que se ha venido reproduciendo en los últimos años. Sí, estoy en frente de un hipster.

Nunca se me ocurriría invitar a un amigo que usa lentes grandes, de épocas pasadas, a una fiesta aleta de salsa. Ni por la cabeza se me pasaría decirle a una chica tatuada que me acompañe a un parche de ciclovía un domingo bajo el sol canicular de Cali, y me abarcaría el miedo inminente de obtener alguna respuesta o chiste sacado de una comedia gringa de cuatro estudiantes de ciencia. Porque eso yo no lo entiendo y no me gustan las comedias gringas y la verdad, me cuesta organizar frases coherentes en inglés. Así que paso.

Esos bichos raros que se visten con colores del pasado, como congelados en una foto de una antigua Vogue, no son más que mis compañeros de la Universidad, fanáticos de “Kien y Ke” y de sonidos ambulantes en los infinitos blogs de músicas del mundo que si no fuera por la web, jamás llegarían a estas tierras cafeteras del tercer mundo. Lo más raro de los hipsters es que su reconocimiento o etiqueta de hipster lo haga otra persona y no él mismo. Un hipster no se reconoce jamás como eso.

Tres tristes hipsters comen trigo orgánico con té chai, se encuentra en alguna página de Facebook. Personas atípicas que hacen el amor a punta de tantra y no sudan, que reciclan en sus casas y modifican sus ropas para evitar ser la copia de la copia de la copia. Que caminan con un Ipod pegado al antebrazo, como otra de sus extremidades, en el que poseen no menos de 3000 canciones de grupos Iraníes, Ingleses y hasta de Chipre. Porque los hipsters no son ni de aquí ni de allá.  

Reconocer a un hipster parece ser una tarea fácil, pero lo cierto es que las comunidades virtuales y el radio pasillo de la vida se ha encargado de enfatizar modelos de vida, de personas, de gobiernos. Así que si usted se encuentra a uno de estos bichos raros, no se alarme y déjelo libre en su hábitat. Porque a ciencia cierta, no sabemos cuáles son sus comportamientos reales, y si usted se lo permite, llámelo hipster y póngale la etiqueta en la cabeza, y así ellos se reconocerán. Si usted no posee estos prejuicios y quiere cambiarlos, no lo haga y más bien pídale copia de sus canciones, alguna recomendación de moda o que le enseñe su colección espectacular de libretas de apuntes.

Luis Ángel Muñoz V.

lumuve1@hotmail.com

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