Humillado hasta la muerte

Humillado hasta la muerte

Humillado hasta la muerte

Por Carlos Reyes
@recarlos94

Cada vez más se populariza el término libertad de expresión para hacer alusión a una acción poco convencional que representa nuestra forma de pensar o nuestra posición ante algún tema en especial.

Lo que muchos parecen ignorar es la repercusión que tienen nuestras acciones en la sociedad.  Cito una frase de la famosa Mónica Lewinsky: “hablamos de libertad de expresión cuándo deberíamos hablar más acerca de la responsabilidad en la libertad de expresión”.

Con el acceso a un sinnúmero de información que nos brinda internet, se ha creado un fenómeno que se alimenta de diferentes aspectos del ser humano tales como el pesar, la lastima y el peor de todos, el morbo.

Con el afán que trae el estar actualizado y tener una opinión, muchos se dejan llevar por el sensacionalismo y el amarillismo hasta tal punto de perder la sensibilidad y empatía, convirtiéndose en los voceros de la humillación a cualquier costo.

El factor principal que parece unir al país actualmente es la humillación.  Y es que parece que cada vez son más los Colombianos que están dispuestos a jugar con el dolor ajeno, creyendo tener el derecho de robar las palabras, acciones, conversaciones, fotos o videos privados de una persona y hacerlos públicos sin su consentimiento o el de su familia, con el falso pretexto de libertad de expresión o de una indignación colectiva mal intencionada y sin argumentos.

De acuerdo a un estudio realizado por los sicólogos Marte Otten y Kai Jonas la humillación es la emoción más intensa del ser humano, por encima de la felicidad y el odio, lo que sirve de base para afirmar, que por mucha rabia y odio que una persona pueda sentir hacia una situación en especial, ya sea el asesinato de los militares en el Cauca o la muerte de los niños en el Chocó o la Guajira (que también son importantes), eso no le da derecho a nadie de compartir imágenes crueles y morbosas que degraden la dignidad de esas personas, y mucho menos para usarse con fines políticos. Porque nadie merece ser humillado hasta la muerte.

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