¿Inglés o español? ¿O mejor los dos?

¿Inglés o español? ¿O mejor los dos?

¿Marketing, Outlet, Sale, Tweet, Tablet, Smartphone? Yo me demoré unos cuantos segundos en caer en cuenta de que todas estas palabras que usamos todos los días no son en español. Y me demoré otro poquito en encontrar un equivalente satisfactorio en nuestro idioma. Lo peor de todo es que ni siquiera son de esas palabras difíciles, intraducibles, como Software o Saudade, pero estamos tan acostumbrados a usarlas que no se nos ocurriría hablar de los mismos conceptos en español.

 
Los mamagallistas de La Bobada Literaria dicen que “Si prohibieran el uso del inglés en Colombia los publicistas no tendrían cómo hablar”. Yo creo que se quedan cortos. Periodistas, gerentes,
diseñadores gráficos, economistas y, cómo no, ingenieros seríamos dolorosamente conscientes de lo limitado de nuestro vocabulario. Tomamos palabras prestadas cuyo significado desconocemos, pero que intuimos a partir del contexto (muchas veces erróneamente).

 
Confieso que cuando veo un gigantesco “SALE 30% OFF” en cualquier almacén del centro de Cali donde difícilmente entrará un turista que no entienda ni m de español, me duele como si me hubieran escupido en el ojo. Pero tampoco estoy de acuerdo con que se prohíba el inglés porque si hay algo más detestable que un anglicismo innecesario, son las traducciones chambonas. Por ejemplo, “to apply” (postularse) es traducido erróneamente como “aplicar”, cuando “aplicar” es un verbo que sólo cabe entre un bronceador y una hembrita en bikini, no entre nosotros y una beca. El problema es que es un error tan extendido (empezando por la exministra de educación) que ya parece una batalla perdida. El problema es que tendremos que aguantarnos la cara de pena ajena de
los que estén aprendiendo español (como los bebés o nuestros amigos extranjeros) cuando les digamos que el uso de esa palabra no tiene sentido ni coincide con su definición en el diccionario, pero que “mejor deje así”.

Yo en cambio propongo que por ley se obligue a los comerciantes a publicar una versión en español de todo, desde el letrero en la fachada hasta el menú de los restaurantes y las bolsas en las que los clientes llevan su compra. Y ya cada quien verá si quiere incurrir en el doble costo de hacer también la versión en inglés para darse el gusto de parecer mejores sólo porque se anuncian en otro idioma. Así los niños al menos crecerán en un entorno donde están expuestos a su propia lengua (o a las dos), en lugar de quedarse solamente con una versión extranjera del mundo (y por lo tanto distorsionada e incompleta) que no entienden del todo aunque crean que sí.

 
Y si todavía está pensando en las palabras del principio, recuerde que se entiende más fácil si dice “Mercadeo”, “Descuentos”, “Venta”, “Trino”, “Tableta” o “Teléfono con internet”.

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