La carta de renuncia

La carta de renuncia

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Hay veces en que es necesario renunciar, abandonar cosas, dejarlas ir, porque pesan mucho pero nos dan poco. Desde niños nos preparan para perseguir nuestros sueños, pero no para abandonarlos antes de que se conviertan en pesadillas. Por eso traigo a colación esta carta de renuncia, que no es mía, pero que escribió alguien a quién aprecio mucho desde niño.

“Me cansé de este juego, aunque algunos no lo crean. Me cansé de ser el perseguido, el que siempre huye. Me cansé de necesitar esas malditas pastillas para sentirme lo suficientemente fuerte como para enfrentar a mis propios fantasmas, me cansé de estar caminando en círculos por la vida, de correr mucho para no llegar a ningún lugar. —- Así como lo leen amigos, me cansé de huir, no quiero seguir escondiéndome tras los muros de este laberinto lleno de oscuridad y obstáculos que tanto tiempo me tuvo cautivo. Siento que conozco cada rincón de este lugar, cada pasadizo, cada escondite, cada esquina. Aquí, donde las cosas pueden ir más lento o más rápido, y aunque las apariencias hagan parecer que moverse es más fácil o más difícil, en realidad nada cambia sustancialmente. Sus salidas son recovecos engañosos que me hunden cada vez más y más en este horroroso estado y sus paredes murallas infranqueables que solo me dejan huir, pero no esconderme. —- Nunca pensé que algún día llegaría a cansarme de la música electrónica, de las pastillas, del ritmo frenético que disparaba mis niveles de adrenalina, pero es ahora, cuando veo mi vida en retrospectiva, que me he dado cuenta de que llevo más de veinte años, quizá treinta ya, siendo poco más que el juguete de alguien más, que son otros y no yo los que deciden por mí a dónde debo ir, de qué debo esconderme y hasta qué debo comer. Otros, a los que no les interesa lo que pase conmigo, que aunque sus intenciones parecen buenas al principio, solo quieren divertirse un rato y luego marcharse. A veces sospecho que algunos sólo quisieran verme morir. —- Sé que si me voy más temprano que tarde encontrarán alguien que me sustituya, alguien cuyos rasgos físicos sean incluso similares a los míos: una boca grande, una cara redondeada, una tez amarillenta y unos ojos pequeños. En fin, poco o nada me importa, espero que él sepa disfrutar de esta vida, de la cual estoy tan cansado.  —- Así que sin más, solo me resta decir a todos aquellos que me consideraban un ser admirable, incluso un icono generacional, que a partir de hoy y para siempre abandono todo aquello que fui en el pasado, y me rehúso a volver a ser el mismo cobarde que se deshacía en alaridos sordos y que con tocarlo lo volvían añicos. Esta es, pues, mi carta de renuncia. Siempre suyo: Pac­Man

Por Emmanuel José Ariza

@DivisionDeAriza 

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