La enfermedad del siglo XXI

La enfermedad del siglo XXI

No sé cuál será la razón, pero siempre que veo películas sobre virus letales, muertos vivientes, etc. cierto tipo de angustia se apodera de mí.  Creo que debe ser porque pienso en las personas que quiero y como las podría defender si se llegara a presentar una de esas situaciones.

Dado que el virus N1H1 afortunadamente solo  se convirtió en un “resfriado con complicaciones”, algunos dirán que la enfermedad de nuestros tiempos continua siendo el VIH;  yo algunas veces pienso que lo es la estupidez en algunas personas, pero debo decirle, estimado lector, que lo que  considero realmente como la enfermedad del este siglo, es el “Ego”.

A esa palabra solo le falta la L para convertirse en “Lego”, con lo cual significaría construcción, felicidad, compañerismo, etc.  Pero sin esa consonante queda plana, convirtiéndose en ese mal que diariamente aqueja a la humanidad.

El ego es algo extraño, pues no es un sentimiento, ni un estado emocional, pero controla y nubla a las personas como si lo fuera, apoderándose de nosotros cuando nos creemos mejor que los demás; ese creernos de “mejor familia” que atenta tan descaradamente contra el buen desarrollo de las relaciones entre los humanos.

En otras ocasiones el ego también se presenta cuando pensamos que la vida por X o Y motivo debe premiarnos a nosotros y no al vecino, acá es donde me pregunto  ¿En verdad hemos hecho algo en esta vida que nos haga mejor que otras personas?, no lo creo, encontrar Ghandis o Madres Teresa de Calcuta en estos tiempos es difícil, sin embargo, siempre esperamos que la vida nos regale ese suceso que hará que la misma nos cambie por completo; por eso es que compramos el baloto cuando ya no le caben más números al premio, como si tuviera diferencia alguna comprarlo cuando apenas arranca en 2000 millones; de una u otra forma pensamos que solo nosotros y nadie más se merece todo ese billete junto.

Muchas veces parece que nuestro diario vivir se basara en un esquema de envidia porque no tenemos el mismo nivel de vida,  bien sea emocional, profesional, o monetario de las personas que nos rodean, y esto solo nos conlleva a tener rabia sin sentido, pues a la larga da lo mismo.  Como dice mi Padre es como si le hiciéramos pistola a la luna, no ganamos nada con el acto.

Ya para cerrar y no darle más lora, el ego solo vive en nuestra cabeza y en ese afán que tenemos de ser importantes, de sobrepasar al otro sin importar cual sea el contexto y el costo. En resumidas cuentas el ego nos jode la cabeza porque nos frena; frena la felicidad y las cosas buenas de la vida.

Por: @Vieleicht

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