La especialización y la democracia

La especialización y la democracia

Jaír Villano

Jaír Villano

Por estos días anduve naufragando en las páginas de Jazz una novela de Toni Morrison que,  como todo en casi su obra (y conste que digo casi porque no he leído todo sus libros), tiene un fondo que involucra segregaciones y discriminaciones para con la comunidad afroamericana. La novela se remonta en los Estados Unidos de comienzos de 1920 y alude, entre otras, lo fustigado que fue el Jazz en esa época.  Pensé que era la excusa perfecta para hablar del fallecimiento de Gordimer y la relación con Coetzee, pero no.  Resulta que en medio de la historia hay una frase que, pensando en la democracia colombiana (y en la mundial, si se quiere),  hace que saque a colación el hombre masa del que escribió Ortega y Gasset.

Morrison hablaba de un personaje que sabía demasiado poco de demasiadas cosas, cualidad que alguien podría advertir como la frivolidad del siglo XXI, no obstante Ortega y Gasset, que no es de este siglo pero como todo buen filósofo dejó una obra para que se sucediera en el tiempo, no contempla reparos. Por el contrario, según sus reflexiones parte del problema de los científicos actuales obedece a la especialización (es decir de no saber un poco de todo). Es que “el especialista “sabe” muy bien su mínimo rincón de universo; pero ignora de raíz todo el resto”.

Para el filósofo español este especialista es un “bárbaro moderno”, esto es, alguien que sólo está interesado en su especificidad y se presume y jacta de ello, “es un señor el cual se comportará en todas las cuestiones  que ignora, no como un ignorante, sino con toda la petulancia de quien en su cuestión especial es un sabio”.

Es un individuo que está por fuera del mundo por estar inmerso en su mundo; un reflejo, pues, del hombre posmoderno.

Ahora: ¿a qué viene todo esto?

Bien, sucede que Colombia es un país en el que el abstencionismo suele sobrepasar el 50 por ciento.  Por esta circunstancia, algunos hablan de crear una ley para que el sufragio sea obligatorio.

Uno podría pensar en esas personas que no luchan por vivir sino por sobrevivir, y de alguna manera atenúa la decisión. Digamos: es que no les queda tiempo. Pero piensa en tanto especialista de ramas que no tienen nada que ver con la “política”, en tanto “culto” que no obstante su sabiduría le hace pensar que la democracia le es ajena y que no se involucra en ello porque está en lo suyo.

Verbigracia aquellos docentes universitarios que consuetudinariamente cometen exabruptos en ramas que están al margen de la que conocen; recuerdo que una vez un profesor del área multimedia le metió la culpa de la ley Lleras al ex presidente Lleras Restrepo.

Lo cual es bastante grave si se tiene en cuenta que los docentes suelen influir en el pensamiento de los estudiantes; un estudiante, en consecuencia, podrá pensar que si él lo dice está bien.

¿Es, entonces, un problema de la especialización o es física pereza intelectual?

A decir verdad, creo que es un poco de ambas, por un lado porque el estar abocado en una especificidad no es del todo bueno, por eso Morin habla de la interdisciplinareidad, por otra parte, este es un país en el que se ha vendido la idea de que la política es solo corrupción,  nadie niega que haya entramados y ardides que se deban repudiar, pero para repudiar algo hay que conocerlo y no basta con lo que dice el televisor. De tal forma, que mucho me temo que esa manera de especializar si está afectando la sociedad, hay mucho poblador pero poco ciudadano, pobladores inteligentes pero que carecen de un pensamiento en función de un bienestar colectivo.

Alguna vez Rousseau dijo que es imposible pensar en una nación en la que todos sus integrantes estén discutiendo los acontecimientos públicos; se pone uno a voltear la arepa y resulta que esta perorata la podría estar escribiendo un científico que se queja de la poca importancia que le presta esta sociedad a la ciencia. De tanto “especialista” que por estar quejándose del comportamiento de los demás, deja de lado cosas más importantes como, digamos, la teoría de cuerdas.

 @villanojair

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