La Fórmula Mágica

La Fórmula Mágica

Las fórmulas nos rodean. Desde la aclamada fórmula de la energía de don Albert Einstein hasta la fórmula desganada del médico de la EPS. Lo cierto es que esos enunciados donde una letra que por lo general representa algo abstracto igualada a unas variables que copulan en unas relaciones aritméticas, parecen resolvernos la existencia.

Todo está claro, todo es exacto y todo se puede calcular. Nada escapa a la subjetividad. La vida se resolvería en una ecuación digamos: v=nE*nL, eso traducido en un lenguaje parroquiano, diría más o menos: vida es igual a número de veces de embarradas por el número de veces que nos levantamos de esas embarradas. El verdadero problema radica en que la vida no es clara, no es exacta y mucho menos se le puede calcular el desarrollo.

Lo cierto, y esto es irrefutable, es que existen unas formulillas implícitas rondándonos la existencia. ¡Son fórmulas que nos llevan al éxito! Parecen recetas para que el pastel de nuestra existencia se hornee de manera adecuada. Están ahí,  invisibles, dominándolo todo.

Por ejemplo, la fórmula que hace que los noticieros colombianos sean tan exitosos como un film de Tarantino o de Robert Rodríguez. La nunca antes bien ponderada ecuación de N=g+g+g, o la regla de las tres “Gs”. Este teorema de la comunicación noticiosa, formulada por el aclamado astrofísico crítico de la televisión Colombiana Omar Rincón, propone que si uno agarra un noticiero y en primer lugar le suma una buena cantidad de GUERRA, seguida por unos GOLES (ojalá de Falcao) y lo remata por unas piernas o unos GLÚTEOS parlanchines tendríamos en definitiva el mejor noticiero.

Este postulado es perfecto. Después de deprimirse y ahogarse con toda la sangre de notas acerca de masacres y otras brutalidades varias, el espectador necesita reconfortarse, entonces vienen los goles, ¡el fútbol! Bendito Falcao, Messi… ¡el Nacional! Nos hacen olvidar todas esas barbaridades que acontecen en nuestro país y que tan amablemente nos muestran con lujo de detalles. Por último, para rematar la atrofia mental, salen empacadas en un vestidito que no deja nada a la imaginación, un par de nenas, que nos iluminan con sus aportes, con su gran sabiduría, haciendo gala de sus profundos conocimientos culturales, nutriéndonos el intelecto con su chismorreo.

Entonces uno termina olvidando que fulanito se le robó unos cuantos miles de milloncitos de pesos a la nación, o que peranito masacró a unos pobres campesinos, y se termina acordando de hechos tan relevantes como lo que dijo Shakira  acerca del Barcelona, o que la próxima telenovela del canal va a ser buenísima, o que el galán extranjero se cuadró con la mamasita Colombiana y nos robó el chance de conquistarla…

Sabemos que Colombia tiene problemas muy graves, pero no es necesario hacer hincapié en esas notas truculentas. ¿No sería mejor mostrar esa cara amable y positiva que definitivamente tenemos los colombianos? Hacer un verdadero informativo cultural, libre de tanta hemoglobina en la pantalla, de tantas notas tenebrosas. Crear una nueva fórmula que nos permita abrigar la esperanza  que este país, con su vía crucis y todo, podrá salir adelante.

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