La ley que mata

La ley que mata

Aunque la frase pertenezca a las acumuladas del cajón, hay que repetirlo, aunque se enerve el que entienda y le moleste la misma intención monotemática, la misma perorata. Sociedad que no conozca su historia ni la historia general se morirá en el círculo violento del error. De nuevo el flash back, una vez más rememorando.

Estados unidos-1920. La estrepitosa prohibición del alcohol entra en vigencia, y hasta la ley en que se impuso la legalidad,  (1933), la sangre corrió  como en la independencia, en la guerra entre el norte y el sur, como corrió en la blanca oscuridad del KU KUX KLAN y en el futuro de Manhattan, la partición de la historia moderna con el polvo del Trade Center, esa caída de las torres imbatibles.

Al Capone y sus matones clandestinos, brindando con el whisky ilegal, celebraban la prohibición del trafico mientras Chicago ardía entre las ráfagas y el dominó de las vendettas. Trece años de supremacía mafiosa al mando de la gran potencia universal, Con todo el desparpajo del cinismo y la opulencia de sus mecanismos.

El terco gobierno no cedía. La tonta moral, los intereses, la ineptitud religiosa ante el progreso del tiempo y su soberbia  se negaban a entender que la caída de Capone, el capo de los capos y su esquema criminal, estaba en una sola palabra, un solo termino en que también disminuirían los muertos, el terror y el anarquismo. LEGALIDAD. En 1933 la libertad del tráfico se impuso, flotó, con  ella el control de la violencia y la evaporación de los mitos asesinos, y aunque los hombres siguieron siendo hombres y el odio natural y la venganza un acto inevitablemente delicioso, ese desangre exagerado y absurdo se detuvo. Aunque años después viniera el ciclo criminal de la “ maldita” coca.

La historia roja de Chicago está enterrada y los chalecos de los gánsteres y el sombrero y el gabán son términos de cine y de guionistas, prendas de museo, exhibiciones de una historia interrumpida.

No hace falta, creo, hacer la relación, ni explicar con plastilina el modernísimo problema de la droga. La historia es magistral y la ignorancia es el sicario de los mundos. No sobran tampoco más ejemplos. Pero la amnesia persiste. También Adolfo Hitler cometió la misma estupidez de Bonaparte, Perdió la guerra contra Rusia en el invierno al ignorar ese favor del frio en los ejércitos del norte. Exactamente igual, la historia repetida. La redundancia de una acción fatal sobre los vivos y los muertos.

La ley que mata sigue vigente, los muertos vigentes, la sádica historia sigue intacta. El mismo redundante carrusel de caballitos de sangre. La historia exige acción evolución. La legalización es la abertura del progreso.

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