La muerte del servicio al cliente

La muerte del servicio al cliente

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¿Se ha dado cuenta, estimado lector, que el servicio al cliente actualmente  es indescifrable?  ¿Qué compañía en verdad se preocupa por ese aspecto, justo ahora que es tan importante satisfacer las  necesidades y caprichos de las personas, con el fin de anular la salvaje oferta que ofrece el mercado?

No nos podemos decir mentiras, uno como cliente puede llegar a ser lo más quisquilloso por no decir fastidioso.  Sin embargo, brindar un buen servicio es algo que parece importarle poco a muchas empresas.

Llamo a la línea de atención de mi operador de celular, esperando hablar con un funcionario; pero lo que me contesta es una grabación de una voz animada, que después de darme la bienvenida, comienza a enumerar un listado de opciones: “1. Para información de productos móviles. 2 para telefonía fija, internet y banda ancha”… Mientras decido el número que voy a oprimir, la voz, aun con el mismo entusiasmo, también me recuerda que número debo marcar para consultar mi consumo.

Oprimo la tecla del 1 y nuevamente comienza otra retahíla de opciones: 1. Centros de experiencia y puntos de pago 2. Información sobre uso de nuestros productos y servicios 3.  Información de interés (¿Qué es eso tan interesante que tienen para decirme?), y así hasta que por fin la opción del número 7 es “Peticiones y quejas con uno de nuestros agentes”.

La Presiono, con algo de esperanza, y nuevamente la voz, con el mismo sonsonete de fondo,  me dice “En un momento uno de nuestros agentes te atenderá”.  Por fin iba a tener la oportunidad de hablar con un humano.  Mientras espero, la voz, tratándome como un tarado, me da un tip de seguridad “bloquea con contraseña la pantalla de tu smartphone para que nadie pueda usarlo en caso de hallarlo.”

Llevo ya más de cinco minutos en realizando este  proceso, hasta que finalmente un  hombre me responde y solicita mi nombre completo y número de cédula.  Después de  darle los  datos; el señor, de una manera muy decente, me pregunta “¿En qué le puedo colaborar el día de hoy?” Ante tal nivel  de cordialidad  planteó amablemente mi pregunta, mientras pienso que estaba equivocado, y que aun existe una luz de esperanza  para el servicio al cliente,

Termino la pregunta y espero que el señor comience a hablar. Silencio al otro lado de la línea. Después de un par de segundos me dice: “¿Señor Juan Manuel?  ¿Aló?  ¿Señor Juan Manuel me escucha?  Tomo el celular como si fuera un radio teléfono y le respondo “¡SI!”.  “Señor Juan Manuel hubo una interferencia en la llamada  ¿Por favor puede volver a repetir la pregunta?”

Sonrío al saber que tengo algo de razón, y que si el servicio al cliente no ha muerto está agonizando lentamente, desde que crearon esas grabaciones de conmutador.  Me despido del funcionario, y le digo que en otra ocasión volveré a llamar.

Dale señor el descanso eterno…

Por Juan Manuel Rodríguez B.

Jma.rodriguez@gmail.com

Twitter: @Vieleicht

 

 

 

 

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