La negra del Chocó

La negra del Chocó

La negra del Chocó

Por Carlos Reyes
@recarlos94

Agustina fue una hermosa mujer afro del departamento del Chocó a la que pocos relacionamos con la historia de nuestro país y que hace parte no sólo de la herencia cultural del pacifico Colombiano, sino que justamente en este mes donde se le da relevancia a la mujer, ella es un gran ejemplo de admiración, fuerza y rebeldía. Cualidades que actualmente necesitamos para recordar, aceptar y defender quienes somos como sociedad.

Conocida como “La negra Agustina” esta mujer es una heroína de la historia afrocolombiana. De ella se sabe que fue una esclava en el municipio de Tadó, Chocó  quien sufrió diferentes tipos de abusos por parte de su amo, desde castigos barbáricos hasta violaciones, las cuales trajeron como resultado un embarazo que provocaría la denuncia de Agustina a las autoridades,  quienes fallaron a favor de su propietario, el responsable de su inminente aborto, producto de las brutales golpizas.

Agustina herida por todo lo sucedido decidió hacer algo no muy común para un esclavo y mucho menos para una mujer, incendió la casa de su esclavizador junto con otras propiedades cercanas y emprendió una lucha con las mujeres esclavizadas de su momento, para imponerse al yugo que representaba ser una mujer afro en Colombia.

Chocó se ve representada hasta cierto punto en la historia de Agustina, una tierra constantemente atacada y  sin derecho a defenderse, condenada a un olvido raramente interrumpido para recordarnos que algo anda mal por allá, ese olvido que tanto duele, el olvido en vida.

Me duele chocó, me duelen sus niños olvidados cuyas vidas se pierden por falta de agua. Me duele chocó donde la vida es más difícil, me duele no por moda o por mi tono de piel, me duele por su riqueza cultural mutada por los medios e ignorada por el estado, pues el chocó es historia entre dos océanos, rodeado de selva y un bello cielo.

Un bello paraíso injustamente condenado a la pobreza, eso es Chocó, un departamento que pareciera estar enviando señales de humo a la espera que alguien lo notase, como si las llamas provocadas por Agustina aún siguieran prendidas esperando por  el agua que no maté a sus hijos ni que envenene a sus pescados.

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