La sagrada Colombia, influencia de la religión en nuestro país

La sagrada Colombia, influencia de la religión en nuestro país

El estado laico de hoy

Por Jonathan Rodríguez Troyano
@jonrodriguezt

Durante el último año en nuestro país han ocurrido una serie de debates sobre cuestiones que potencialmente podrían cambiar el comportamiento de nuestra sociedad; los diálogos de paz, la adopción igualitaria, y la eutanasia, todos ellos comparten el sello de polémicos, y de una u otra manera han dividido al país, pero a pesar de esto, hay una cosa que llama poderosamente la atención, la intromisión de la iglesia católica, directamente o indirectamente – a través del procurador- lo cual hace discutible la independencia de nuestro estado social de derecho.

Esto no significa que no se deba consultar u oír su posición, lo que pasa es que hay un límite entra opinión e imposición. Parece que este concepto pasa desapercibido para el procurador “Monseñor” Alejandro Ordoñez, quien en cuestiones de derechos y constitución, utiliza expresiones radicales para sentenciar que sus principios éticos y morales están en consonancia con la ley, –como si los de los homosexuales no–, y plantea posturas incoherentes para justificar su conducta conservativa, como por ejemplo, cuando se opuso a la enseñanza de educación sexual a las niñas en los colegios, aduciendo que se buscaba “diseñar campañas masivas para promocionar el aborto”.

Hablando de la intromisión directa, –se hace no solo extraño, sino hipócrita y abusivo–, que para la sentencia de la corte sobre adopción igualitaria llamaron a todos los medios y escandalizaron el tema, llamaron pecadores a todos los que estaban a favor y sólo faltó que pidieran exorcismos. Sin embargo, para sus propios pecados como la pederastia, los enriquecimientos ilícitos, etc., no se dice una palabra sino que se tapan la cobija entre ellos. Todo esto solo puede recordarnos dos momentos específicos en la historia en la que la mano de la religión en asuntos políticos iba directamente en contra del desarrollo de la sociedad.

El primer caso nos lleva a la Francia medieval, en donde un hombre de apellido Rousseau publicó su obra más importante, “Emilio o la educación”. Un libro en el cual hablaba de las pautas mínimas que debían existir para que los niños pudieran contribuir positivamente a la sociedad.

En sus términos, Rousseau describía que debían darse programas en ciencias y que no debía ser solo un privilegio de los nobles. No obstante, sobre él cayó todo el peso de la monarquía. Secundado por la Iglesia, el arzobispo de parís dijo: “libro propio para destruir la religión cristiana….tendiente a perturbar a los estados, a rebelar a los súbditos contra la voluntad de su soberano”, posteriormente el papa Clemente XIII y la facultad de Teología censuran el libro, y las ideas de Rousseau no se pudieron aplicar sino décadas después de su muerte.

El segundo ejemplo nos lleva a la Sagrada Rusia de los Zares, donde la iglesia ortodoxa estuvo a muy poco de deslegitimar el poder de Pedro el Grande, zar que fundó San Petersburgo y trajo una serie de avances a una Rusia que estaba atrasada y era considerada un pueblo bárbaro. Si la Iglesia hubiera triunfado, Rusia permanecería en el atraso y una de las ciudades más importantes del mundo no existiría.

Debemos decir que la influencia de la religión en nuestro país es indudable, sin embargo, como vimos en estos dos ejemplos, a veces el pronunciamiento de la iglesia en contra de una materia, puede significar no un pecado, sino un avance, ojalá el procurador entienda esto y no nos bloquee décadas de avances como la Francia de Rousseau.

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