La vida en 2.0

La vida en 2.0

Hay cinco jóvenes sentados en una mesa dentro de una discoteca, esperando la mayor diversión del mundo. Entre ellos, dos mujeres y tres hombres, sin dejar de mencionar que uno de los hombres, es el típico desesperado en busca de lo que se mueva. Literalmente, de lo que se mueva. Esos que siempre hay en todo parche…

Los cinco jóvenes permanecían sentados en la mesa especialmente escogida tras un recorrido por la discoteca, y como es evidente, con sus Blackberrys en las manos, chateando en la comunidad PIN, y por supuesto, ligando a quienes no fueron con ellos, y tanteando terreno con los que si fueron.

Uno de los chicos que tiene a una de las niñas dentro de su lista de contactos le escribe:

–¿Quieres Bailar? –se escucha a su lados, un sonido “Turun”.

–Claro –tecleó rápidamente la joven.

Después de varios minutos, por fin salen a bailar y no cruzan palabra alguna. Se mueven al ritmo de Taboo y Don Omar. Nada más, solo dos cuerpos bailando bajo las oscuras luces de la discoteca, mientras sus dispositivos móviles no paran de vibrar bajo el bolsillo.

Cuando se sientan nuevamente en la mesa para compartir de nuevo con el resto de sus amigos, el joven escribe repetidamente por intermedio de su blackberry:

–Fue un gran baile ¿verdad? –se le fue un emoticón adicional (…)

Podemos ver entonces, que la juventud de hoy, vive bajo el síndrome “agacha la cabeza”, donde no son capaces de levantar la mirada para observar el mundo. Y cuando realmente lo hacen, es para tomar una fotografía o grabar un video.

Solo hay que ir a un concierto de Don Tetto, o de Wisin y Yandel que son la moda de hoy, para darse cuenta de ello. Observando como la multitud enloquece, y fijan su mirada en el artista, pero a través de una pequeña pantalla de agua o LCD, que les permite grabar lo que el artista hace en el momento.

Viven a través de los lentes de la tecnología. Los colores que deslumbran son el contraste de la cámara, y los gestos que marcan la diferencia, son los que capture el aparato. Porque ya no se es capaz de vivir sin ver el mundo a través de la tecnología.

La rumba termina, y la discoteca saca a los menores de edad cuando se aproximan las dos de la mañana:

–Si, fue un gran baile. Espero verte pronto –escribe la joven presionando las teclas de su blackberry en cuanto sale de la discoteca para volver a su casa, encender el computador, y por qué no, jugar tal vez al CityVille.

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