Lo bueno, lo malo y lo que nos gusta

Lo bueno, lo malo y lo que nos gusta

Si uno ve un programa en Animal Planet se da cuenta de que los animales responden a un patrón de comportamiento, o sea que todos se comportan igual (con algunas excepciones, claro). Los gatos, por ejemplo, nacen sabiendo que necesitan una cantidad de arena para hacer ahí sus necesidades. Nadie les enseña a hacer eso, es su instinto natural. Lo sé porque tengo 3 gatos.

Pero ¿qué pasa con el comportamiento humano? ¿Por qué somos personas tan diferentes, cada uno de nosotros con un comportamiento distinto y único? He llegado a la conclusión de que algo que nos enseñaron desde muy niños es lo que no nos permite responder a nuestra naturaleza y es lo que nos hace seres tan complejos y autodestructivos. Nos enseñaron a portarnos bien.

Si señores, así como lo leen. Querer portarnos bien es lo que nos hace portarnos tan mal. Porque por lo general, los buenos actos son los que van en contra de nuestra naturaleza egoísta, envidiosa, impulsiva e irresponsable. Siempre tratamos de ir en contra de la ley del más fuerte, la bigamia, el arribismo, el interés y otros cuantos defectos que tenemos como especie.

Nos han enseñado que tenemos algo llamado principios y que si no se siguen al pie de la letra somos malas personas; manzanas podridas que van a dañar a las demás. Siempre tenemos que portarnos bien. Por ejemplo, la niña que cumple quince años pero no la dejan tener novio. Eso va totalmente en contra de la naturaleza de la niña, cuyo alborote de hormonas hacen que tenga novio a escondidas, que mienta y que no sepa cómo cuidarse. Y entonces, cuando la niña llega con una barrigota a la casa, los papás le preguntan: ¿por qué, mija? ¿Es que no la hemos educado bien? ¡Si no la dejábamos ver South Park y todas esas malas influencias!

Otro ejemplo, son los cachos. Nos enseñaron que para demostrar el amor hay que casarse, y que el  matrimonio es para toda la vida. Nada más apartado de la realidad. Y de la naturaleza. El que quiera ser fiel, que lo sea, pero al que no quiere serlo ¿por qué lo juzgamos? Porque va en contra de la moral y los principios. Lo malo de eso es que todo el mundo sabe que está mal hecho, pero casi todo el mundo lo sigue haciendo. Es la esencia de lo prohibido, lo peligroso, que al humano tanto le gusta.

Cuando reaccionamos agresivamente por una situación que nos toma por sorpresa, como alguien atravesándonos el carro, nos gritamos entre nosotros: ¡Animal! Sí, somos animales, pero tenemos la particularidad de tener conciencia, y hemos hecho mal uso de ella, imponiendo normas que van en contra de lo que nos hace disfrutar la vida y han desviado a la sociedad.

El único principio por el que deberíamos regirnos es ser felices y tratar de que quienes habitan nuestro entorno también lo sean; tal vez con la mente un poco más abierta, podría salir la agresividad, la infelicidad, el enojo, la rabia y otras cosas malas, para que entre lo bueno en nuestras vidas y al fin empecemos a portarnos bien.

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