Los iconoclastas

Los iconoclastas

Jair Villano

Jair Villano

Dime a quién lees y te diré quién eres, reza un adagio popular.

Pues bueno, el prejuicio va por esa línea, la gente gasta más de 40.000 pesos en una de Las cincuenta sombras de Grey, aun cuando Borges, Proust, Chéjov, o para no salir de casa, Espinosa, Vásquez, González, Bonnett, Faciolince, Ospina, Mutis –qué sé yo– se ven desdibujados por esa sombra que vende, vende, vende. Ese es el negocio: vender: los escritores ganan algo menos del 15 % de sus obras; las editoriales y las librerías hacen de las suyas. Pero ese no es el tema: digo que Las sombras de Gray –cuando alguien me lo nombró por primera vez pensé que era Dorian Gray– venden.

Los veo subyugados leyendo su saga en las calles, en el Masivo, en la Universidad; en todas partes. E. L. James,  J.K. Rowling, han bofeteado al Padre Brown de Chesterton, que en su momento no vendió tanto. También le han faltado al respeto a los románticos versos de Keats, quien murió a los veinticuatro años en la inopia, decía uno de sus versos: “Bienvenida alegría, Bienvenido Pesar”; tiempo después su poesía sería reconocida como una de las mejores del romanticismo inglés.

Pero el texto debe hablar de prejuicios y si se trata de sinceridad debo aceptar que me irrita ver cómo la buena literatura –la clásica, por antonomasia– parece importarle poco a este tipo de lectores. Y me gusta la irreverencia y paradójicamente no este tipo de irreverencia. Vale la pena citar a Andrés Hoyos, creador de El Malpensante, quien en una columna de El Espectador señalaba que “los artefactos del siglo XXI han conseguido sumirnos en una paradoja que afecta a la novela, porque lograron acelerar a la gente y convencerla de que no tiene tiempo libre (…) Pudiendo uno leer las muchas novelas que le faltan de los grandes maestros rusos o los títulos de Dickens o Balzac que nunca leyó”.

Y a decir verdad la gente lee, pero libros como El alquimista, Ama y no sufras (los he buscado en Google) y Las cincuenta sombras de Grey.

 Y Don Quijote y Sherezada y Otelo y –para no salir de casa– la estirpe Buendía, aburren. Lo cual me irrita y me desquicia: pues ora muchos hablan de la narración erótica y sexual: “¿Viste?, a ella le gusta el sadomasoquismo”.

Sinceramente no sé qué es peor: si leer basura o no leer. Dirán los del Ministerio de Educación –María Fernanda Campo y todos sus secuaces– que en la encuesta de cuántos libros lees al año no se dirime por calidad, sino por cantidad. En efecto, el más reciente estudio del DANE arroja que los colombianos leemos menos de cuatros libros al mes.

Qué curioso. Es una trilogía la de E.L James.

Jair Villano
@VillanoJair
http://eldisidente22.wordpress.com/

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