Los ídolos Paupérrimos

Los ídolos Paupérrimos

Acepto que el humor en el folclor social sea importante, acepto que oxigena una memoria amargada y depresiva y que la risa bromista libera la basura represada, la simpleza, la nostalgia. Pero el exceso de humor tiene un peligro, puede elevar a un país a la categoría de payaso tonto. Y que no venga ahora a demandar el gremio de pelucas y pelota en la nariz, la cosa no es con ellos. Hay algo natural en Colombia que me incendia, y es esa fea y conocida manía de formar modelos sin carácter, sin trascendencia, ídolos paupérrimos sin argumentos, hombres que con algo de gracia y con un fino color de una corbata y un peinado exótico o un uso de gestos impactante convencen a una sociedad hambrienta de farándula y ruido. El peligroso folclor del humorismo exagerado.

Las fanfarronadas de un sacerdote retrogrado, las opiniones irrisorias del cardenal Rubiano Sáenz, de cualquier padrecito idolatrado de rangos inferiores, el discurso mentiroso del comerciante de libros y camándulas Jorge Duque Linares, por ejemplo, y esa pose de Barbie y ese tono de coqueta de barrio en pleno horario triple A de Vicky Dávila, tienen más fuerza influenciable y atracción  que quienes deberían, los que no tienen cupo ni espacio en una televisión para niñitos. Si usted nunca ha escuchado nombrar en Colombia a Rodolfo Llinas, a David Manzur, a Marta Senn, a Álvaro Castaño Castillo o a la HJCK, a Bernardo Hoyos o a la BBC, puedo entenderlo, Colombia se ha educado con telebobelas, lavaderos, sábados felices, con pésimo fútbol colombiano, y ahora ante micrófonos ocultos en mansiones donde apiñan concursantes sin talento.

Nadie se merece una excesiva admiración, pero pocos si merecen respeto en un pais que tiende a una inútil decadencia.  Si hay alguien que haya introducido cultura, inyectado fervor por el arte, por los libros, por la pintura y por el cine real ha sido Álvaro Castaño, un viejo noble, muy similar al viejo Borges en el físico y el tono, hace medio siglo dirige la HJCK, la emisora cultural con más prestigio en Colombia, con poca atención por la “masa feliz”, como aparece extrañamente en las encuestas. El gentleman Bernardo Hoyos, otro pionero en las irradiaciones culturales, trabajó en la BBC de Londres por algunos años y ahora en el horario oscuro de las 2 am intenta sostener el noctámbulo programa Cine Arte, sin muchas posibilidades de inclusión en otro horario.

La razón es clara: la masa no quiere, se duerme, le da sueño, detesta los “documentales lentos”, las “películas sosas”, a la masa le encantan las sonrisas extremas, el burdo humor y la excentricidad de los petardos, sus ídolos paupérrimos. Hacen falta largas décadas de espera para iniciar la madurez que obliga la modernidad del mundo, la modernidad mental. Después, cuando la educación tenga cimientos, fenomenos complejos como  la legalización de la eutanasia  y el aborto , esos fenómenos que gritan por inteligencia, podrán dejar de ser una ficción de los terceros mundos. Sin comentar los problemas inmensos de una política corrupta, y obviando las ideas sin vergüenza de los dirigentes, la patria boba aún sigue existiendo. Qué pena con los ideólogos de plan  Colombia es pasión.

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