Más que un derecho, es un deber

Más que un derecho, es un deber

¿Cómo puede un hombre conformarse con tener sólo una opinión y  disfrutarla?

“Desobediencia civil” de Henry David Thoreau

Si algo debemos rescatar de las recientes protestas en Londres, Madrid y Santiago es el derecho político que tiene el pueblo para expresar su inconformidad, más allá de los actos de violencia y vandalismo, la voluntad política que sacó a las personas de sus hogares y trabajos para expresar su inconformidad es una hecho del que deberíamos aprender.

Existe un cierto conformismo político en nuestro país que debe ser superado, para que la clase dirigente y los empresarios corruptos entiendan que no pueden pasar por sobre los intereses del pueblo para enriquecerse o conseguir otros beneficios; pero si no expresamosnuestra inconformidad de forma contundente, la situación sencillamente seguirá indemne.

En una democracia, que pretende un gobierno de, para y por el pueblo, no es posible que la única forma de expresión política a la que acudamos sea la quejadera en las redes sociales o las discusiones acaloradas en las noches de tragos. Sin una voluntad política firme, que nos permita arrepentirnos de nuestras decisiones políticas y destituir dirigentes, o presionar para que medidas absurdas, represivas o corruptas no se impongan, lo más probable es que se siga pensando que aquí solo se necesita un cargo alto para poder hacer lo que a cada quien le da la gana y que los dineros del estado son la caja menor de cualquiera que tenga acceso a la llave.

La culpa es nuestra, nuestra pasividad permitió que los gobiernos corruptos se llevaran nuestros impuestos, dejaran obras sin terminar y repartieran los recursos a las empresas que ofrecían mayores sobornos; todos sabíamos que algo estaba mal, pero en vez de salir y exigir que nos devolvieran lo nuestro, nos quedamos en la casa quejándonos de que nos vieran la cara de pendejos.

Necesitamos conseguir una madurez política que nos empodere de nuestras decisiones, que llene las calles de personas golpeando cacerolas, cantando demandas o exigiendo dimisiones, eso sí, siempre pacíficamente, por que se corre el riesgo de perder el rumbo y terminar tirando papas bombas contra la policía, y perder el carácter político de la demanda, solo para que el episodio sea otra pataleta izquierdista, como sucede en la mayoría de universidades públicas.

La invitación es a que no nos dejemos más, sea por que se robaron millones en algún contrato, o porque el Bolillo se quedó como entrenador de la selección aún después de pegarle a una mujer, sea cual sea la razón lo importante es que dejemos claro que no nos gusta, que algo está mal y que tienen que solucionarlo. Si al final volvemos a la casa y todo sigue como antes, al menos tendremos la satisfacción de saber que por lo menos lo intentamos.

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