Me declaro inocente, sobre la mastubarción Femenina

Me declaro inocente, sobre la mastubarción Femenina

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#Placeresculposos

La soledad de una habitación, el silencio de los pensamientos y la seguridad de tu propio ser. Un jugueteo de manos y los dedos deslizándose uno a uno por la piel, bajando suave, erizando cada rincón dérmico, hasta llegar a la gloria.

La melodía se prende imaginariamente, es un baile con un par de viejos conocidos, el cuerpo se contagia, la cadera comienza a moverse. Nadie puede negar que el centro de la fiesta tiene lugar a pocos centímetros de la pelvis, las gotas no se hacen esperar, el terreno se pone resbaloso, no importa, le suben el volumen a los gritos, se siente la algarabía, el lugar parece estallar, un terremoto de sensaciones, todo está dispuesto para el amor, para el amor propio.

Solo faltan unos segundos, el beat llega al máximo, el sudor es algo deliciosamente frío, el cuerpo se paraliza unos momentos y en cámara lenta los sentidos cumplen su rol, cualquier roce, murmullo, aroma, sabor, cualquier nota apentagramada que salga de la voz se une en el acto más placentero de todos: el orgasmo.

El cuerpo queda tendido y una comisura labial no se hace esperar, es la sonrisa de saberse satisfecha, es la satisfacción de tener independencia. ¿Por qué sentir culpa por aquel acto tan humilde? No hay cuestión más privada que la de reconocerse, no solo en gustos y en personalidad, sino también en el erotismo y en los fantasmas sexuales que juguetean constantemente en nuestras cabezas.

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Somos mujeres y como tal tenemos necesidad, si el hombre se masturba y negarlo es negar a su progenitora, por qué nosotras, hembras de instintos calientes, al igual que ellos, no nos quitamos el yugo de la vergüenza y la estigmatización social, ¿o es que no estaríamos negando a nuestro padre también si no confesamos que amamos querernos en silencio, donde no hay corazones rotos, enfermedades horrendas ni embarazos indeseados?

Me declaro amante de la vida y de sus instintos, de la libertad de cada ser humano y del proceso tan necesario y poco recurrente de auto reconocerse para luego conocer el mundo. Pocas saben quiénes son en esencia, saben qué les gusta, qué estudian y de dónde vienen, pero no saben por qué se comportan como se comportan, porqué la inclinación de sus gustos y la elección se su círculo social; peor aún, no saben cuáles son las zonas erógenas encargadas de llevarlas al clímax.

Cuando las mujeres dejen de preocuparse por las banalidades externas y las convenciones sociales, entenderán que la individualidad es tan esencial como respirar y que, a partir de ello, podemos explicar y manejar a nuestro antojo y de una mejor manera el quiénes somos y qué tenemos para dar al mundo.

Es decir que, mujeres, la invitación es a dejar la pena, a liberarse internamente para poder amar sin medida y a plenitud. Sabiendo qué nos gusta estamos en capacidad de exigir, así como también tenemos la facultad de entender mejor el cuerpo y descubrir los puntos exactos para el placer y es que con amar no solo me refiero a lo sexual, pero es bien sabido que el sexo enamora así como que el romance también hace un buen polvo.

Por Laura Marcela Ballesteros

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