Me hace falta Uribe

Me hace falta Uribe

El presidente Santos es el mejor ejemplo de lo que es una familia colombiana, durante cinco generaciones en acción. Afortunadamente ha dicho, que cuatro años son suficientes para disminuir la pobreza en un veinte y tres por ciento. Lo que no dijo fue a ¿qué tipo de pobreza se refiere? ¿A su falta de carisma y de liderazgo? Porque hasta Rafael Pardo, dijo alguna vez, que el primer año de gobierno del ex presidente Uribe, había sido “bueno”, por la relación zanahoria que hubo entre el ejecutivo y el Congreso.

Y aunque los generadores de opinión andan obnubilados con Santos, incluyendo a quienes votaron en primera y en segunda vuelta por Mockus, como yo, a mí me está haciendo falta Uribe. Debe ser, porque prefiero a un líder carismático caminando por la séptima, que a un estadista, que se pasa la mitad del tiempo diciendo una cosa y la otra mitad del tiempo haciendo otra.
En otras palabras, si Lula no confiaba en Uribe, yo no confío en Santos, porque Colombia no es más democrática o más segura hoy, que hace un año.
Uribe expresaba su amor a la patria todos los días, Santos sólo ama su propio designio, porque tan sólo es el sucesor del que en otrora fue un elegido.

Santos no está gobernando para Colombia, sino para él, rodeado de una clase politiquera unida en contra de cualquier vestigio, que se llame oposición. Todos saben que fui un duro crítico de Uribe durante sus últimos tres años de gobierno, pero no soy un justiciero para ahora desconocer sus
particularidades históricas como gobernante, o mucho menos soy un inquisidor, para juzgarlo y perseguirlo hasta la muerte. Uribe tiene el derecho de defender su gobierno y a un juicio justo sin apasionamientos ideológicos, porque, por ejemplo, la corrupción de éste país no empezó con Uribe o terminará con el presidente Santos. Ojalá fuera tan fácil decir o hacer eso, porque si ese fuera el caso, los falsos positivos se dieron cuando Santos era Ministro de Defensa y los presuntos hechos de corrupción al interior de las Fuerzas Militares se llaman guerra.

En lo que no estoy de acuerdo es en la forma como Uribe está defendiendo su gestión, su buen nombre y su honra, porque un ex presidente no debe confundir el lenguaje con los insultos, o el twitter con una trinchera, para continuar desgastándose, cazando peleas innecesarias y contraproducentes. Cuando un ex presidente termina su mandato, es como cuando un escritor termina su libro, porque su obra deja de pertenecerle a él.

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