Me niego a decirle adiós a mi pubertad

Me niego a decirle adiós a mi pubertad

A pesar de estar cerca de mis 25 me niego a dejar mi pubertad y me atrevo a decirles a los padres que nos han mentido. El famoso “usted será libre hasta que cumpla los 18” es pura mentira, es una gran mentira, usted cumple 18 y su vida se vuelve más compleja. Todo empieza con la contraseña y de ahí un sin fin de papeles.

Pero esto no impide el goce de mi actitud infante, a pesar de las mil responsabilidades con las que hoy cuento y que la CC (cédula de ciudadanía) trajo consigo. Mil experiencias les puedo contar,  una de ellas es la perversa malicia que tengo para asustar a mi hermana y a mi primo, me escabullo entre los muebles de la casa para disfrutar de aquel grito que emiten cuando los he tomado por sorpresa. Es tanto el placer de esa malicia infante que un día pasé de ser victimaria a victima; hace varios años, me emerge la suspicacia de sorprender a mi hermana, fue tanto el susto que se descuajó. Esa vaina rara que los médicos no explican pero que los brujos curan. Cuando el susto pasó, lo disfrutamos. También disfruto ver, y lo hago cuando puedo, Tom y Jerry, repito episodios de Caballeros del Zodiaco y la Pantera Rosa; de lo nuevo veo Kit vs. Cat y Kick Buttowski. En otras palabras, recomiendo afrontar esta supuesta libertad, que parece que los papás se la han contrabandeado, siendo GRANDES sin dejar de ser GRANDES.

Les confieso, tengo 25 pero sigo diciendo que mi pubertad sigue tan viva como las deudas que hoy tengo, la verdad es que NO RENUNCIO, NI ESTARÉ DISPUESTA a salir de la etapa pubertaria. A mí la Constitución política de 1991, que jurídicamente me corta a machetazo mi pubertad no me obliga a negar mi infancia e inocencia. No obstante, en Colombia nada es imposible, no falta que los derechos y deberes que usted adquiere con la CC incluya un capitulo con parágrafos que diga, literalmente, que usted no puede tener comportamientos infantes y que el autor de dicha norma sea el Procurador Ordoñez.

En el caso de nuestros padres, que mundano error cuando han de decir que seremos libres a los 18, pero libres de qué, si nos tendremos que obligar a mil condiciones como la absurda bancarización, que en mi caso es una odisea, le debo al sector bancario pero aún no estoy bancarizada; la de no gozar con un servicio de salud permanente porque el sistema me rechaza después de los 18, así sea estudiante y lo certifique; la de no poder entrar a un brinca brinca a pesar de tener la altura ideal. ¡Y supuestamente soy libre!

Entonces me pregunto: ¿qué clase de libertad es la que nuestros padres nos ofrecieron cuando tuviéramos 18? De algo si estoy segura: Mi pubertad se acaba a los 40, como lo dijo David Brown en su publicación “Envejezca con desvergüenza”. El resto de su vida es lo mejor de su vida”. Esta publicación trae un sin fin de sugerencias para no envejecer jamás convirtiéndolo en un ser realmente productivo, prologando la juventud. Aunque Brown es más atrevido y declara que la pubertad empieza a los 40 y la vida a los 70 (…).

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