#Columna: Mejor Desde La Cárcel

 

 

Desde que comencé a jugar Monopoly siempre quise ser el banco, porque era el jugador que más control tenía en el juego y nunca quebraba: podía escribir su propio dinero sobre papel si se acababa el del juego. Lo que no sabía, era que siendo un jugador más, alguien podría llegar a ser más poderoso, rico y hegemónico que el mismo banco. Es un buen ejemplo para entender qué pasa por estos días con el senador más votado de las elecciones en 2018: Álvaro Uribe Vélez, y con él, la larga hilera de noticias de todo tipo que lo rodean.

Comenzó el juego y cada vez que Uribe cae en las casillas de Fortuna o Arca Comunal, que bien podrían compararse con la Fiscalía; las tarjetas que levanta son positivas, favorables. Muchas de ellas para “salir de la cárcel gratis”, solo que para él, funcionaban también antes de entrar.

Cuando la partida ha avanzado un poco más, los jugadores ya han adquirido propiedades, incluyendo trenes y servicios públicos. El senador, quien compró unas cuantas propiedades, comienza a susurrarle a otros jugadores para que le vendan los solares faltantes y así completar colores que le faltaban.

Casi al final de la partida, mientras que Álvaro Uribe está a punto de poseer todas las propiedades clave del tablero, y con dos de los otros tres jugadores ayudándole a montar sus casitas y hoteles, el banco se percata de que algunas propiedades no se las había vendido a Uribe ni las había puesto en hipoteca. El tercer jugador reclama diciendo que Uribe los habría obligado y les habría comprado sus propiedades, y les estaba pagando para que no le avisaran al banco, para que no testificaran. Además de eso, ya se le están acabando las cartas para salir de la cárcel gratis.

Las últimas jugadas

Lo más delicado de todo, son los turbios casos a los que se está viendo enfrentado el senador Uribe. Lo que a principios del 2018, en el juicio que involucró al también senador, Iván Cepeda, parecía un caso archivado más, pasó a ser un llamado serio por parte de la Corte Suprema de Justicia, por lo que parece ser un caso de manipulación de testigos.

Uribe renunció a su curul en el Senado, casi de la misma forma que sucede cuando vas perdiendo en Monopoly: comienzas a deshacerte de alguna de tus propiedades y esperas un golpe de suerte que te devuelva al juego. Además, así tienes menos preocupaciones y lentes encima.

Las veces que el Banco se diera cuenta de las jugadas bajo cuerda de Uribe, parecen estar llegando a un punto en que no podrá evitar castigarlo, así sea por su última trampa. Ahora parece que tampoco las tarjetas de Arca Comunal y Fortuna para salir gratis de la cárcel, funcionarán.

Cuando el senador se defiende señalando que ya vendió su propiedad principal, la más cara y la que más impacto le generaba en el juego, que renunció a ella, parece haber una impresión de calma. Lo que los demás jugadores no distinguen en ese momento, es que solo se trata de una estrategia para salvarse el pellejo y evitar que el Banco, la Corte, lo investigue.

Así las cosas, lo mejor es que Uribe no renuncie a su curul, que sea consecuente con sus más recientes palabras y que, si en su “designio de vida” quiere combatir la infamia, bien sea en libertad o preso, que asuma el peso de sus palabras y enfrente a la justicia. Pero, mejor que lo haga desde la cárcel.

 

 

 

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