Morir Libremente  

Morir Libremente  

Morir Libremente  art

Por Juan Manuel Rodríguez B.
@Vieleicht

Fue en noveno de primaria que conocí el término Haiku, y por ende ese estilo de poesía.  En ese entonces Ximena, la profesora de español, nos explicó a grandes rasgos en qué consistía y puso a todo el salón a que escribiéramos un poema.

Recuerdo que acaté la orden, pero no tengo ni la más mínima idea que escribí, y claramente no fue un poema digno de enviar a un concurso.  Al cabo de unos minutos cuando el murmullo en el salón crecía, varios finalizaron un Haiku primitivo y otros tal vez no hicieron nada. Al final la profesora nos pidió que leyéramos lo que había escrito.

Cada alumno leyó un mal poema (¿Qué se puede esperar de un primer intento de Haiku?) Hasta que le llegó el turno a Marco, uno de los más altos del salón,  le gustaba el baloncesto y contaba con un humor fino. Un tipo de persona que no habla mucho, pero que cuando lo hace no desperdician palabras en sus comentarios.  Él leyó su poema:

“La hoja trabaja ligada al árbol, mañana morirá libremente”

El salón quedó en completo silencio, mientras todos tratábamos de digerir el poema de forma personal, pues la cantidad de significados que encierra o se le pueden dar parecería de nunca acabar.

¿Escribía Marco poesía y lo mantenía en secreto? ¿Dedicaba gran parte de su tiempo a pensar frases de ese calibre? ¿Fue todo cuestión de una sinapsis que hizo florecer semejante concepto en su cabeza?

Nunca lo sabremos.  Su Haiku permaneció como chiste interno del salón hasta el día que nos graduamos, pero estoy seguro que la mayoría de mis amigos y el resto de los integrantes del salón, después de más de 10 años, aún lo recordamos.

Ser una hoja muerta, no en el sentido literal por supuesto, es algo que todos deberíamos experimentar.  A la larga, me parece que tiene una gran relación con perderse, con cortar cualquier tipo de vínculo con lo conocido que, de cierta manera, nos da identidad.

En el libro “Una guía de campo para perderse”, la autora Rebecca Solnit, cuenta lo que significaba perderse  para la  escritora Virginia Woolf:

“Para Woolf, perderse no estaba ligado únicamente a la geografía, sino más  bien a la identidad; un deseo pasional, incluso una necesidad urgente de convertirse en nadie y cualquiera, para sacudirse los grilletes que te recuerdan quien eres, lo que otros piensan que eres”

En muchas ocasiones deberíamos intentar ser una hoja muerta, perdernos y dejarnos ir al vaivén del viento.  No esperar dominar todas las variables que nos afectan.  En definitiva dejarnos morir de un trabajo, de una relación, de un lugar, de cualquier cosa que no nos deja, valga la redundancia, “morir libremente”.

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