Mover al mundo

Mover al mundo

 

FotografíaEDxBogotá

Por Juan Manuel Rodríguez
@vieleicht

El pasado mes de diciembre asistí a la quinta versión del TEDx Bogotá, evento organizado por la fundación Social Colectivo y enmarcado bajo la premisa “La Energía que mueve al mundo”. TED es una organización especializada en “difundir ideas que valen la pena” a través de charlas sobre diversos temas, que duran alrededor de 20 minutos.

Llegué al teatro Jorge Eliecer Gaitán justo antes de las dos de la tarde. Le di la vuelta a la cuadra para ubicar el final de la fila. Mientras bajaba por una calle, esquivé a un mesero con delantal y gorro negro que llevaba un par de almuerzos sobre una bandeja, caminando con afán y una determinación impresionante.

Por fin localicé el fin de la cola. “Me tocó en gallinero” pensé. Sin embargo para estar seguro, le pregunté a una mujer “¿Esta es la fila para el TEDx? “Sí terrible ¿no? Mucha gente” Me respondió. Desilusionado, le di las gracias y le dije “Sí, demasiada”.

Saqué mi libreta para anotar un par de ideas. La mujer me preguntó en qué consistía el evento y que cuanta gente le cabía al teatro. La primera pregunta se la contesté lo más acertadamente posible y para la segunda puse en práctica el arte de la especulación “Unas 1000 personas” dije. “Mucho gusto Alejandra” me dijo y remato su presentación con “Está muy chévere tú libreta”.

También me presente, le di la mano y las gracias por el comentario sobre mi libreta con tapas en forma de Lego. La fila comenzó a moverse. Después de avanzar unos metros, Alejandra me dijo “No he almorzado, ¿me cuidas el puesto mientras me compro algo?” Me hizo caer en cuenta que yo tampoco lo había hecho y que el olor de la comida que llevaba el mesero al que casi estrello había despertado mi apetito. “Bueno, pero ¿Me puedes por favor comprar algo?” Saqué un billete de cinco mil y se lo di, confiando en que no fuera una persona que sólo hacía fila esperando a que un ingenuo tuviera hambre y le encargara algo de comer. Al rato ella volvió con mi encargo, aún es bueno confiar en las personas.

Uno de los organizadores pasó por la fila y las personas comenzaron a hablar sobre un código y por donde debían ingresar “¿Código, de qué hablan?” me pregunté. Le mostré una boleta que el día anterior me había dado una de las organizadoras del evento y me dijo “Usted ya puede ingresar, vaya a la entrada Sur”. Fui al lugar indicado y en menos de un minuto ya estaba adentro del teatro.

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El evento comenzó con la charla de la arquitecta Caleña Sandra Freiye y su proyecto Terrón Coloreado, que busca integrar comunas de la ciudad de Cali a través de la pintura urbana. En sus propias palabras éste se basa en “Tejer voluntades. Con actos simples lograr cosas trascendentales”.

Fue un preámbulo perfecto para una tarde llena de presentaciones (En total 11: Ocho conferencistas y tres performing acts) inspiradoras sobre: educación, moda, salud, arte, medio ambiente, entre otros.

Todas las charlas estuvieron amparadas bajo el cálido abrigo de la creatividad y la innovación: El doctor Sergio Mora y su iniciativa “Las Manos que Enseñan”; Juan Pablo Pellegrino con “Tener o ser esa es la cuestión”; Elberth Castillo y su apuesta al breakdance “Pasos de vida”; Juan Felipe Castaño y la plataforma Cívico “Su ciudad en sus manos”; Jhonny Hendrix Hinestroza, productor del largometraje Perro come perro, y su charla “Cuando el espíritu es manada”; Laura Agudelo, la “pesada de la moda”, con “A la medida”; Juan Carlos Guáqueta y su innovación para convertir agua contaminada en insumo para proyectos sostenibles; Juan Pablo García y su iniciativa “Ideas en conflicto”, con la que se ha logrado la desmovilización de más 10.000 guerrilleros; más la presentación de la cantante Miranda junto a Chiquita Soul con la canción “El gran secreto es el amor”; y un espectacular cierre a cargo de la poeta Alejandra María Ortega y su hermoso poema “Instrucciones para mover al mundo”.

Quedó claro que para mover al mundo, para cambiarlo, primero debemos comenzar a movernos nosotros mismos, sin esperar ningún tipo de retribución por nuestras acciones, sino tener presente que no hay recompensa económica igual de satisfactoria que transformar de forma positiva la vida de alguien.

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