Nación de emociones y desinterés

Nación de emociones y desinterés

Luis Gabriel Rodríguez

Luis Gabriel Rodríguez

Basta con pensar en la realidad del país para entender el porqué de las cosas que pasan, y que las pasiones son las grandes causantes de tales circunstancias. En Colombia somos emocionales y eso es indiscutible: el fútbol, la política, el gobierno, las marchas, la religión son temas difícilmente discutibles con un colombiano que de por sí tiene una naturaleza agresiva e impulsiva; bien lo decían los abuelos “de mujeres, fútbol y política es mejor no discutir”. Y parece una verdad certera, las emociones son más fuertes que la razón y en nuestro país aún más.

Y no es malo que se pueda sentir, el problema es cuando ese sentir genera consecuencias negativas, odio profundo –que es el que nos mantiene estancados y no nos permite avanzar como sociedad– y desinterés que es en el aspecto en que quiero centrar esta discusión. Las emociones son impresionantes, quién puede negar que Colombia es vida, que ver a la selección ganarle a Argentina es sentirse en el cielo, que empatarle sabe a victoria y que perder con ellos no es nada porque el 5 de septiembre del 93 les metimos 5-0; me saboreo recordando y mirando el video de los goles en Youtube, y a pesar de que en ese entonces solo tenía 2 años, la televisión colombiana se ha encargado de recordármelo cada año y por tanto lo sé y mis hijos lo sabrán…

Asimismo esas bellas pasiones tienen su lado contrario y se puede ver en las diferentes  problemáticas que afronta el país; con las barras bravas por ejemplo, jóvenes asesinándose por un trapo, perdidos en la drogadicción y el alcohol, alimentados por el odio regionalista y creyendo que así demuestran amor por los colores, cuando lo que demuestran son vidas desperdiciadas, juventudes aunadas por la delincuencia, y una radiografía exacta de la descomposición social. Aquello que nadie ha podido explicar, simplemente porque no se debe explicar, se debe combatir.

La pasión vence a la razón y nos ciega ante la realidad, nos llena de desinterés (individualismo y posición cómoda, diría Garzón); la idea no es dejar de vivir o volverse secos ante la vida, pero se debe ver más allá, obviamente si se quiere crear país; el que no lo quiera hacer puede seguir igual (pan y circo le darán) pero quienes buscamos mejorar si debemos reflexionar; las emociones nos estancan y el país se derrumba.  Lo vivimos hace poco: en las calles la policía golpeaba a nuestros campesinos, los tildaban de terroristas y muchos casi llorábamos al ver las imágenes de nuestros viejos (lo digo porque lo sentí, mi abuela fue campesina y me enseñó a recibir con café a las visitas, nunca aprendí porque soy yo quien me tomo todo el café) que luchaban por sembrar con sus semillas y no con semillas gringas; pero se acercaba el partido de Colombia vs Ecuador y adiós reivindicaciones sociales, ahí no importaron los campesinos, ni los estudiantes, ni el abandono histórico del Estado al Catatumbo, nadie criticó los baldíos adquiridos irregularmente por la ministra de educación, nadie le dio importancia al proyecto de ley de educación propuesto por la MANE, nada, no pasa absolutamente nada, cuando somos presa de las alegrías o tristezas. ¿Tan poco importa el futuro del país?

Lo acepto, somos un país de pasiones buenas y malas, las buenas nos hacen soñar y las malas tienen al país desbordado, ¿pero seguiremos así? ¿Viviremos únicamente de fútbol, reinados y narconovelas? Somos emocionales es verdad y el gobierno y la televisión nos conocen a la perfección, Santos hizo campaña con fiesta y lechona y hoy esos que bailaron aquel día salen a protestar porque no tienen para mercar, por pasionales, porque en Colombia una rumba vale más que un gobierno para la paz.

¡Que vivan las emociones! Pero lejos de los debates públicos, lejos de los temas que definen al país. Yo quiero ver a Colombia en el mundial, pero no a costa del futuro de mis hijos. Es sencillo, mientras Colombia celebra y vive su pasión, el gobierno firma otro TLC y después de la eliminación en el mundial tendremos que comprar la papita enlatada…

Hay que pensar más allá del momento, el país necesita ser racional, de lo contrario seguiremos igual.

Por Luis Gabriel Rodríguez de la Rosa

@lgrdelarosa

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