No vuelvo a comprar en el Éxito

No vuelvo a comprar en el Éxito


COLUMNA EXITO ART

Por Andrés Martínez
@unimberbe

No pretendo liderar una campaña de desprestigio en contra de esta empresa. O mejor sí, pero no sólo contra ésta, sino en contra de todas las marcas de supermercados de precios altos y consumidores fríos. No concibo cómo mucha gente prefiere ir a estos almacenes teniendo precios flexibles y calor humano en la tienda de la esquina.

Hace unos días entré a este almacén sólo porque el sector donde me encontraba, al parecer, no había sido colonizado por paisas, entonces no había ni tiendas, ni graneros, ni plaza de mercado, sólo estaba el Éxito.

Lo primero que quise buscar fue cilantro en la sección de alimentos. No tardé mucho en darme cuenta que ahí no iba a lograr comprar sólo $200 de esta hierba. Y mucho menos podía pretender que un vendedor me empacara en una misma bolsa $500 de una amalgama de cilantro, cimarrón y tomillo (las tres hierbas base de la cocina materna). Así que me tocó comprar todo un paquete de $1000.

Decidí entonces comprar sólo algo más y salir de aquel nidal de la usura.

Estaba buscando unos bananos y quise preguntarle a alguien si conocía la ubicación de esta fruta tropical. Pero pronto me di cuenta que hablarle a alguien en un sitio de estos es casi tan absurdo como entablar una conversación en un bus urbano o saludar al vecino de un orinal público. Por lo que intenté buscarlos por mi cuenta.

Lo que quería encontrar era unos bananos medianos, bien amarillos y con algunas pintas negras que dieran cuenta de su auténtico y dulce sabor. Contrario a eso hallé unos frutos pálidos y enormes, que más parecían inflados con helio que con potasio. Además cada uno de aquellos experimentos químicos tenía un valor de $350, casi el doble de lo que cuestan en una tradicional tienda de barrio. Lo que más me sorprendió fue la forma en que querían convencerme de comprar el producto: “Banano fresco, 100% importado”. Es decir, no contentos con ofrecerme un banano insulso e insípido, ¡Me restriegan en la cara que una bendita fruta ha viajado más que yo!

Resignado y convencido que no volvería a aquel lugar, fui a pagar a la ‘Caja Rápida, a la cual ahorraré obvios calificativos. Sin embargo, me recibió una cajera con la pregunta: “¿Acumula puntos Éxito?”. Y la verdad que me digan eso es como si me jalaran los pelos del ombligo. Sinceramente prefiero acumular puntos negros en la nariz del verdulero de mi barrio, que tener una de esas tarjetas inútiles que ofrecen los supermercados.

Para terminar, la cajera me despide con una frase que se me antoja cínica y con un toque de sarcasmo: “Gracias por su compra, vuelva pronto”.

Volveré cuando me ofrezcan alimentos naturales y locales, cuando no sea incómodo saludar a un vecino en la sección de hierbas, y cuando el cajero sea capaz de indicarme cuál aguacate está en su punto para acompañar un sancocho.

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