Otaku en verano

Otaku en verano

Cuando el profesor caspa me entrega la última nota, es cuando me siento en vacaciones de forma oficial. Mis ocupaciones en vacation’s suelen ser variadas, aunque todas tienen en común el lugar de su desarrollo: mi computador. Así que, o me la paso escribiendo, o jugando, o molestando a la gente por las redes sociales y en el caso extremo me pongo a ver anime. Recuerdo viejos tiempos en los que me «viciaba», aquellas épocas de horas y horas consumiendo series y mangas, jugando jueguitos chichipatos. Hoy en día soy incapaz de ver una serie o leer una historieta por más de tres horas. Sencillamente, las cosas cambian, aunque sean cambios que no me llenan de orgullo ni nada por el estilo. No lo veo como una mejora, como una especie de ascensión. Simplemente, en el transcurso de una vida, ocurren rupturas, transformaciones, mutaciones.  De la misma manera que ya no soporto ni que me mencionen a Paulo Coelho, probablemente mis días de ñoño se estén extinguiendo por tanta seriedad y vainas nuevas.

Como el resto del año me la paso en labores de alta seriedad –estudiar, trabajar –en vacaciones me revivo mi época de vago. Claro que en vez de recorrer las calles de la ciudad en busca de –no sé qué, la verdad mi protocolo social termina allí –algo, mi vagancia radica en el sedentarismo de sentarme todo el día frente al compu a hacer nada. Juego un poco, le doy una repasadita a un par de series de anime, y por lo general alguna me entretiene y me la veo toda. Ello, implica buscarla, descargarla, etc… y en el proceso me entero que está a punto de salir la nueva temporada de tal y tal, y me regocijo, esperando noticias, pendiente de los youtubers, cosas por el estilo.

Recuerdo también que tenía un grupo de amigos, compartíamos información sobre las series, aunque ellos eran más «frikis» que yo. Pude presenciar –aunque un poco de lejos –como el movimiento tomó fuerza en esta capital de pandebono e intolerancia. Nunca me importó que los otakus en la ciudad se hicieran populares. Por el contrario, entre más grande la familia, más posibilidades de construir grupo, comunidad. Para todos aquellos púberes –palabra puaff – y adolescentes que hoy en día no viven sin cosplay, y mantienen pendientes de las series, y asisten a los eventos, bueno, la verdad me lleno de alegría por ellos. Encuentran, su grupo de referencia, consolidan una personalidad a través de la relación con gente con la que comparten gustos. No se la tienen que pasar aburridos en el cole donde sólo escuchan reggaetón y salsa, no tienen que vivir atados a la monotonía de las relaciones que se entretejen en nuestra cultura, plural pero siniestra, conservadora, excluyente y violenta. Por el contrario, expanden su conocimiento, se dejan atrapar por otras perspectivas, allí donde la serie de anime explora las relaciones entre los jóvenes japoneses, su cosmovisión, su forma de percibir el mundo, de percibir al otro.

En verano, me llega el momento de ponerme un poco friki, aunque también deseo descansar y preocuparme de cosas serias, como la selección Colombia y el medioambiente y esas cosas.

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