Para atrás ni para coger impulso

Para atrás ni para coger impulso

¿Nunca han ido manejando y se dan cuenta que se pasaron de calle o que quedó justo sobre la cebra y no ve el semáforo? En cualquier ciudad del mundo pasan accidentes, pero en Colombia, país de muchos lenguajes, hay palabras bastante originales para decirle a usted: ¡no se atreva a dar reversa!

Con todo el dinero que le meten a lo de cultura ciudadana, a los guardas cívicos y a las campañas de manejar responsablemente ahora por parte de Pirry, ¿por qué nunca se enseña a tener un poco de compasión y dejar devolverse? El problema es de paciencia, de acordarse de que todos viven lo mismo y también del típico orgullo colombiano: alebrestado hasta el cansancio.

Por un lado la mente Colombiana piensa que el peatón siempre tiene espacio, sea si usted está parqueado o parqueando en andén, se les olvida que una vez fueron peatones, son los dueños de la vía y el espacio. Muy poco se ve al conductor buena gente que deje pasar, que no tire el carro, que dé el paso cuando se pone la direccional o saca la mano, que no mente madre porque el bus paró o que no arme trancón porque quiso parquear en la mitad de la avenida.

Y están también los que se creen patrones, en sus macancanes carros que hacen sentir mal a su Mazda o Twingo. Y ahí es donde arranca la epidemia de excusas: es que el a mí no me dejaría, es que no frené a tiempo, es que no hay donde más parquear, es que el de atrás no deja retroceder.

Nos dejamos invadir la mente colectiva de excusas, seguimos un ciclo incurable de “hasta que el otro no lo haga, pues ¿por qué yo?”  Que chimba sería que alguien tomara la iniciativa (diferente al gobierno de turno) de quitarse la venda de los ojos y ver que usted, que raja tanto de lo que otros hacen, es igualito. Que chimba sería si usted arrancara con un grupo de Facebook y lo volviera realidad sobre dar la vía al otro, sonreírle al conductor vecino y no insultar en la calle.

Pero ese sería un mundo irreal, no la Colombia de la pelota de letras, así que por ahora le hago una invitación: al menos una vez intente pedirlo amablemente. Con sonrisa de modelo desgastada dígale al de atrás, del lado y a usted mismo: “¿me hace el favor?”

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