Paro a los paros

Paro a los paros

Jair Villano

Jair Villano

El gobierno nacional y los gobiernos que lo han venido antecediendo son los culpables de que, al momento de escribir esto, estén bloqueadas más de 30 carreteras importantes del país.

Las masas lo han entendido muy bien: necesitan armar la revuelta para que los ojos de su Estado se pongan al orden del día.

Lo anterior, hace la manifestación tenga varias lecturas: la primera de ellas es que es importante que la gente salga a las calles a protestar por sus derechos; por las infructuosas promesas de los neoliberales. Pero, de otra parte, es inconveniente que éstos actúen conforme a los paros, quiero decir, por demás evidente, que el Estado no debe hacer inversiones cuando se presentan este tipo de eventos, el Estado debe adelantarse a las protestas, debe dejar de esperar que la masa se exaspere para hacer lo que le corresponde.

Verbigracia de esta brutalidad –la de esperar paros, para sentarse a escrutar las causales de los mismos– es lo que acaece hoy en La Habana y el bloqueo de casi tres meses en el Catatumbo.

Fue menester que la guerra llegara  a los límites de la degradación que da cuenta las cifras de ¡Basta ya!: Memoria de guerra y dignidad, para que hoy por hoy, se esté discutiendo el modelo agrario que Colombia necesita; fue necesario que los campesinos del Catatumbo efectuaran el paro, para que el gobierno y la sociedad en general prestara su atención en las condiciones de precariedad en la que vive esta población. Será necesario, a fin de cuentas, que los paperos, arroceros, paneleros, lecheros, entre otros, torpedeen las vías del país para que, en un par meses, el Gobierno Nacional decida sentarse a examinar las causales de la movilización: que no son más que las consecuencias del abandono estatal (o de la política neoliberal).

Ahora bien: una segunda lectura tiene relación con las futuras elecciones; es bastante curioso que las masas hayan esperado este tiempo –próximo a elecciones de Senado y jefe de Estado– para salir a protestar. Ello genera reticencias, en tanto que es casi evidente que muchos de los parlamentarios que auspiciaron la suscripción de los TLC, aprovechan la ocasión para pescar en río revuelto, esto es,  para ganar adeptos en la futura contienda política. Nada más fácil que el discurso oportunista en medio de la cólera, no obstante, esto no exime la responsabilidad del Estado.

Por último está la involucración de actores armados: dice un amigo, que trabaja en las Fuerzas Militares, que tal vez con esta revuelta las Farc quieren demostrar que su fuerza está en el campo, que la gente comparte sus posiciones.

Pues las protestas son por definición, multiplicidad de pensamientos, luego, que se involucre quien se sienta afectado, el problema, sobra decirlo, es cuando se cambian las palabras y las pancartas por las papas bombas o la pedrada y el fuego.

Así que para evitar esto, para cesar los paros, es preciso replantear el modelo excluyente y desigual que ha caracterizado a Colombia a lo largo de los años, los gobernantes deben dejar de esperar la manifestación para prometer subsidios que desde mucho antes han tenido que llegar.

Los otros ciudadanos, los que no están protestando, debemos de igual manera poner de nuestra parte, analizando y ponderando la elección de nuestros mandatarios, esa es otra manera  de parar el paro.

Por Jair Villano

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