Partido del Tomate

Partido del Tomate

Jair Villano

Jair Villano

No tienen la verborrea de Jorge Enrique Robledo, ni la elocuencia de Juan Lozano, tampoco se igualan, o al menos por ahora,  a ese mimetismo de Roy Barreras. No son tan retrógrados como José Darío Salazar, Roberto Gerlein, Liliana Rendón, ni tan longevos como Aurelio Iragorri; no son ladinos como Juan Manuel Corzo, Juan Carlos Vélez, Simón Gaviria (aquí caben casi todos), ni tan siniestros como Juan Carlos Martínez. Son prospectivos y saben que el Partido Verde no es verde: son el Partido del Tomate.

Tres jóvenes que apoyan la diversidad, que se oponen a la minería destructiva, que saben de las bondades del proceso de paz, que no le temen a la legalización de la marihuana, propenden la creación de una colectividad cuyo objetivo es que la gente se tome la política.

Escépticos, suspicaces, con certezas solidas: como la revisión de la política de explotación minero-energética, el partido del tomate podría ser la alternativa juvenil de cara a las futuras elecciones en el Senado.

Saben que esto viene siendo un riesgo, pues ya está la experiencia de la Ola Verde, cuya decepción fue colosal: los políticos, como manifestaron en entrevista con María Jimena Duzán, eran de ese color por fuera, pero por dentro estaban podridos.

Tampoco creen en la izquierda, el Polo Democrático y sus disidencias y dispersiones no les representa. Discutible, pero respetable la incredulidad ante Robledo, Navas, Cepeda y Clara López.

Esto último podría ser producto de las emociones, toda vez que el Polo es el único partido que no hace parte de la Unidad Nacional (¡el único partido de oposición!) y en ese sentido, no está lejos de lo factible, futuras coaliciones.

En cualquier caso, el partido del Tomate, que viene fuerte en las redes sociales, podría estar en la futura contienda política y, aunque no son muy claríficas sus políticas judiciales o económicas, es un proyecto que nace lozano, sin politiqueros de renombre.

Que la ingenuidad y la falta de experiencia salen de relieve, podrá ser; pero no hay perdedor sino se intenta, pasar de la teoría y de los panfletos y los blogs atiborrados de lugares comunes, es un paso: osado, tortuoso, pero un gran paso.

Dejar de lado la pasividad inherente a una sociedad que ve como la clase política mina la precaria democracia viene siendo un logro; que tendrá su tiempo, sus óbices, es un hecho: no la tienen fácil.

Deberán tratar de conseguir, por ejemplo, los 450.000 votos que tienen penando al Mira, Cambio Radical, Partido Verde, entre otros. Pero ellos saben que esas colectividades son amorfas, vestigios o retazos de los colores tradicionales. Por eso, y otras razones, hay que escucharlos.

Por Jair Villano

@VillanoJair

http://eldisidente22.wordpress.com/

jairdisidente@yahoo.com.co

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