¿Quién lleva el pantalón?

¿Quién lleva el pantalón?

Jhon Alexander Cabanillas

Jhon Alexander Cabanillas

En 1850 la feminista Amelia Bloomer conquistó, para contrariar el uso de las faldas victorianas, los Bloomers. El pantalón bombacho recubierto por una falda comenzaba a gestar control y reclamo de poder, como toda lucha callada, desde abajo.

La transición del siglo XIX al XX llevó consigo a una mujer que apenas luchaba por el poder al voto y la aceptación laboral. En ese periodo existían motivaciones pero faltaban pretextos que validaran el uso del pantalón. El reclamo de su uso, tenía entonces una dimensión emancipadora, justificada en la igualdad de género como una motivación general, pero particularmente exigía el poder exclusivo del hombre. Su objetivo simbólico era hurtar ese atributo, el que representaba un completo concepto de masculinidad.

Los hombres no se percataron de que comenzaban a perder más que una simple prenda de vestir. El pantalón, para el trabajo, denotaba su actuar y la falda, para la ornamentación, el de la mujer. Quizá por eso a muchas, excepción de algunas que se les permitía vestirse de hombre (disfrazarse de poder), se les tildó injustamente de travestis. Pronto se hallaron en un periodo, representado por las Garçonne en Francia y las Flapper en Estados Unidos. Era la década de los 20, la que les significaría transformación y audacia.

Estalló la Segunda Guerra Mundial y los hombres salieron a alistarse en el ejército dejando a sus mujeres en el hogar. Sorpresivamente ellas se hallaron frente al momento oportuno, el que les permitió intimar con el pantalón cuando la guerra las llamó. Fue el que les permitió tomar el orgullo de su marido, ponérselo y prestarse a servirle. No les representaría el aprovechamiento de las circunstancias, sino la respuesta afirmativa al poder que al fin las reclamaba. El pantalón para el trabajo o el pantalón para el poder. Con él trabajaron en el mantenimiento de material de guerra, mientras experimentaron por primera vez y para sí mismas, un sentimiento de absoluto dominio. Sin embargo fue ese un logro parcial, pues los hombres retornaron a sus casas una vez la guerra acabó; regresaban a ponerse unos pantalones que ya tenían nuevo dueño. Ellas, por su lado, en el papel tradicional de amas de casa ya habían abrazado el poder, y desde entonces nadie se los arrebataría.

Ya habían demostrado que el pantalón está hecho para ellas. La moda no tardó en concluir esa causa, la misma que habría motivado a Amelia a crear los Blomers, pero esta vez sin desafíos porque el poder dejó de ser una lucha callada para vestirse de mujer. Entonces Coco Chanel lo entalló y le dio una silueta femenina. Dijo: “Una mujer con pantalón NUNCA será un hombre apuesto”. Tal vez quiso decir: Hasta que los hombres no lleven falda, las mujeres son las del pantalón.

Por Jhon Alexander Cabanillas

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