REDES

REDES

Juan Manuel Rodríguez

Juan Manuel Rodríguez

El mundo está repleto de cosas, unas buenas y otras malas; la tecnología es una de ellas.  Algunos dirán que beneficia al hombre y otros que lo está acabando lentamente. Yo todavía no me decido por ninguno de los dos bandos; estoy, como dice ese refrán que me causa gracia, ni chicha ni limoná, el cual debe ser pariente cercano de ese sinsabor amargo que dejan los partidos de fútbol.

Como le venía diciendo en cuanto a la tecnología, creo que estoy  en el medio y ahí me quedaré, no porque digan que todo extremo es malo sino que particularmente a ésta le veo el lado bueno a ratos, pero otras veces simplemente la aborrezco.

Los humanos somos unas de las tantas cosas, si usted estimado lector me permite llamarlo cosa, que hacemos parte del planeta; a veces me aterra que seamos tantos, en fin. Ahora que la tecnología hace presencia en cualquier aspecto de nuestras vidas, parece ser que hay tantas redes Wi-Fi como cosas (personas) en el planeta.

 ¿Cómo son esas redes? Y es que  casi en  cualquier parte del mundo (No sé si en el Everest ocurra esto, no tengo planeado escalarlo) uno se pone a buscarlas desde su teléfono móvil, tableta, etc. y se encuentra con una avalancha de las mismas.

A veces, mientras voy caminando, me imagino  cómo la señal de esas redes atraviesa mi cuerpo, transmitiendo información sin cansancio cada segundo del día. Fotos y noticias espectaculares, trágicas, alegres, tristes, etc.  De pronto es por eso que a veces nos da un bajón de ánimo de un momento a otro, porque parte de toda esa información se almacena por un tiempo en algún lugar de nuestro cuerpo.

En este momento, llegan a mi celular las señales de las redes 302, nombre poco original para la red de mi apartamento, Wi_Fi_Etb (¿pero qué es lo que  ocurre con la creatividad de las personas de mi edificio?), Patricia, Donna, y otras que llevan como nombre un número de teléfono.

Hoy mientras daba una vuelta, activé mi teléfono para que  buscará las redes  y me encontré con una llamada Suspiro, algo nuevo entre un mar de nombres planos y aburridores.  Yo no fui quien instaló la de mí apartamento, pero cuando me llegue el momento de configurar una,  le pondré  “Red Ultrasecreta De Los Templarios”  o algo por el estilo.

Por otro lado también pienso que el nombre se podría dar de acuerdo a la personalidad de sus dueños; esperaba encontrarme entonces con una red bajo el nombre de Malgeniada a Morir, correspondiente a la vecina del piso de abajo que en una ocasión me regaló unos adjetivos innombrables por este medio y  que casi me pega por un problema con un tubo de agua.

Parece ser entonces que compartimos una especie de simbiosis con las redes; no podemos vivir sin ellas y viceversa. Considero que no es bueno dejarse atrapar del todo de estas o es probable que terminemos viviendo, si no es que lo estamos haciendo ya,  en esas nubes que también hacen parte de esta era tecnológica.

Por Juan Manuel Rodríguez

Comments

comments