El reto de la educación de mañana

El reto de la educación de mañana

La educación en el mundo es un desastre. Todo el mundo lo dice, desde las trilladas frases de “ya el mundo no es lo mismo de antes” a la queja de los abuelos de “es que los jóvenes de hoy en día…” Y es muy complicado señalar una sola cosa como falencia. Dicen que los valores no son lo de antes, que la calidad no es la misma, le echan la culpa al sistema, a los profesores, al desinterés de los jóvenes, a la música moderna, al internet, a la televisión, hasta a los computadores. Pero parece que no se hubieran puesto a pensar que si la cosa ha cambiado tanto, es hora de adaptarse.

                Más allá de ver la materia de sistemas y uno que otro idioma, hay que de verdad darse cuenta que los niños modernos, con todas las ventajas y desarrollos de hoy en día, son diferentes al niño de hace 50 o 60 años. Que los jóvenes somos hiperactivos, hacemos mil cosas a la vez y tenemos diversas fuentes de respuesta.

                Al niño moderno no le basta con lo que le diga la profesora, y por lo general le cree más a lo que encuentra en Internet o lo que oye en televisión. Los niños y jóvenes modernos estamos sobre influenciados por las ventajas de tener cien canales de televisión, por tener acceso continuo e ilimitado al internet y sus infinitas libertades. Por ver programas que hablan de prostitución, asesinatos y narcotráfico sin casi nada de apoyo paterno que aclaren lo malo o bueno de estas situaciones.

                El sueño del niño moderno es tener plata. El sueño de la niña moderna es tener tetas. Porque eso es lo que la libertad de canales, internet y televisión nos han mostrado es lo que se requiere para ser popular, para tener buena vida. Nadie nos ha mostrado que estudiando vamos a conseguir eso o más. Que sin estudios nos toca competir con los cientos de desempleados cuyo mayor sueño es un mínimo.

                Cada vez son más altos los índices de pérdida de año, de carrera y también, de desempleo. Los niños y jóvenes queremos es plata, trabajar y gastarnos la plata en esas cosas que los canales y el internet nos dicen que necesitamos: un celular último modelo, un computador para pasársela en Facebook o en el chat, un carro, cirugías estéticas.

                Entonces el problema estaría centrado a que la educación carece de un acercamiento a nosotros: a lo que nos gusta e interesa, y seguimos siendo educados de la misma forma en la que nuestros papás y abuelos lo hicieron, evaluados de la misma forma, a pesar de vivir en un mundo completamente diferente.

                El reto para los padres que ya son y para los que lo van a ser, para los estudiantes y los profesores es reconstruir todo un sistema educativo a nivel mundial, que deje de pensar en lo que “debería ser” y se enfocara en lo que es la realidad moderna. Que se dejaran las utopías, las críticas y se avanzara hacia una solución al problema de la educación.

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