Salsa: del Caribe al Barrio, del Barrio al Parque

Salsa: del Caribe al Barrio, del Barrio al Parque

SALSA AL PARQUE

Cuando cae la tarde en Cali, la brisa que viene del Pacífico se descuelga por los Farallones y choca con la humanidad de quienes deambulan por la ciudad buscando un refugio para soportar los embates de la cotidianidad. Precisamente por el Pacífico entró a Colombia el que es sin lugar a dudas un oasis en medio de la aridez de los días, da sabor a la insipidez de la rutina y rompe con la asesina monotonía: la salsa.

Entre los años 50 y 60, Cali sufrió transformaciones de todo tipo que permitieron su tránsito de pueblo pequeño a pueblo grande con ínfulas de ciudad.  Por aquel tiempo la salsa llegaba en el Tren del Pacífico al barrio Obrero, primer epicentro de recepción y cultivo de este fenómeno cultural.

Hugo Correal

Hugo Correal

Con el tiempo la salsa salió del barrio y se tomó la ciudad en un proceso que de alguna manera desfiguró el imaginario que se había tejido en torno a ella como estandarte de la cultura popular, pues pasó de ser un factor de cohesión barrial a un objeto de consumo individual en ambientes masivos. No obstante, en los barrios la salsa sigue siendo lo que ha sido: una expresión del sentir popular, de sus angustias, aspiraciones y modos de representarse la cotidianidad.

Frente a lo anterior, se hacía necesario un espacio de ciudad alrededor de la salsa para reivindicarla más allá del simple consumo. Fue así como en el 2012 surgió un evento que mes a mes se ha constituido en un espacio de encuentro al calor de la clave, la conga, la campana, el güiro y el timbal: Salsa al Parque.

En el Parque de los Estudiantes, una estatua de la novia eterna de Cali –Jovita Feijó- vigila a varios centenares de salseros, no salseros, melómanos y no melómanos que sucumben al llamado de la salsa, el son, el bolero, elboogaloo, elguaguancó, la timba cubana, el songo… Hasta perderse completamente en los sabrosos laberintos  que traza ese mestizaje musical.

Andrés Díaz “Pachanga”, fundador de Salsa al Parque, define el evento como “un encuentro  alrededor de la salsa para la conquista del espacio público”. No se equivoca con su afirmación. El primer sábado de cada mes cientos de personas de todas las edades y posiciones sociales se reúnen en la plaza pública  a escuchar, bailar y hasta tocar la salsa gestada más allá del consumo cultural y la erudición musicológica: rumba plena con sentido.

Es imposible no contagiarse del sabor que gravita en la atmosfera. El sofocante calor producido por los cientos de rumberos es refrescado por la brisa caleña que aparece para bendecir el jolgorio. Decenas de campanas marcan el característico titicó ti coro titicó, mientras que cientos de palmas hacen la clave. Entre canción y canción se referencian los compositores, músicos y arreglistas que cocinaron el suculento plato, al tiempo que se evocan anécdotas propias y/o ajenas en sintonía con la melodía, rompiendo con ello la dispersión que implica la rumba en la lógica del consumo. Los carros que en ese momento transitan la convulsionada calle 5, disminuyen su velocidad a la altura del parque para ver qué pasa y algunos se estacionan a un costado para al menos olfatear el aroma de la salsa cocinada en el fogón popular.

Nuevamente la salsa está en la calle no solo para deleitar al rumbero y hacer una ruptura con la cotidianidad, sino también para construir espacio público para el encuentro con la diversidad y no simplemente para el transito de almas en pena agobiadas por los embates de la cotidianidad.

Por: Hugo Correal

@HugoCorreal

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