Sin Tiempo

Sin Tiempo

Relojes de Pared - GIFMANIALe damos una importancia exagerada al tiempo, entendiendo por este los segundos, minutos, días, años, milenios, etc. en el que transcurren nuestras vidas, y es que a la larga parece que si no disponemos de tiempo no podemos disfrutar nada, es decir, sin tiempo no podemos mirar de qué forma nos gastamos el dinero por el que tanto trabajamos o no podemos dedicarnos a hacer eso que tanto nos gusta; entonces es posible que el ser humano pretenda, de alguna manera, atesorar ese intangible al que denominamos “tiempo”.      

Sin querer ahondar en el terreno religioso y místico de los budistas; nos enredamos de sobremanera con el tiempo, sin

Juan Manuel Rodríguez

Juan Manuel Rodríguez

darnos cuenta que lo único que nos debería importar es el instante que sigue después de terminar de leer esta frase.  De esta forma no le daríamos esa exagerada importancia a los verbos modales: poder, deber, querer, saber, soler, necesitar, tener que, haber  que; que no hacen más que enredarnos la cabeza, mientras pensamos en un pasado que no se va a repetir y en un futuro que es completamente incierto.

Los Amondawa, tribu de las amazonas, a pesar de su vestimenta con taparrabos, mujeres con los pechos al aire; plumas, arcos y flechas; parece que tienen mucho por enseñar a nosotros, hombres modernos, que no paramos de jactarnos de nuestros nuevos descubrimientos y avances tecnológicos.

Esta tribu no concibe el tiempo como algo que pueda medirse, lo que evita que se maten la cabeza planeando.  Aparte de vivir sin “tiempo” también lo hacen sin edad, pues carecen de estructuras lingüísticas para referirse a la misma; lo que hace su vida mucho más divertida, pues van cambiando de nombre a medida que pasan por diferentes etapas de la vida o de acuerdo a su papel dentro de la comunidad.

Para ellos el tiempo no es algo independiente de lo que acontece en su diario vivir  y mucho menos ese algo abstracto e intangible, como lo  es para nuestras culturas.

Qué ventaja tan tremenda nos llevan los Amondawa,  ¿no cree estimado lector? Primero que todo, me imagino que sus caras no deben reflejar ningún tipo de angustia o tristeza  ¿Ha hecho usted el ejercicio, por ejemplo, de ver cuanta gente sonríe cuando va caminando por la calle? Por otro lado es imposible que se martillen la cabeza con una pregunta que nos agobia la existencia, la famosísima “¿Qué habría ocurrido si inserte aquí el evento de su interés?

Para mí no hay nada peor que el síndrome del Guarif (What if) y es que  ¿quién nunca se ha hecho esa pregunta? La misma, en sí,  es completamente inofensiva; lo grave es el sentimiento de culpa que nos abate, apenas comenzamos a jugar con ella.  Siempre he pensado que lo mejor es no echarle tiza a los asuntos que pretenden enredar nuestra cabeza; imagino que los Amondawa tienen dicho arte completamente desarrollado.       

Juan Manuel Rodríguez B.

Jma.rodriguez@gmail.com

@Vieleicht

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