Soy Feminista ¿y qué?

Soy Feminista ¿y qué?

Hace un tiempo ya, estaba con varios compañeros de trabajo en una charla sobre el periodismo con igualdad de género, y salió a colación el hecho que soy feminista. No bien vieron la oportunidad me cogieron como vulgarmente se dice “de bate”: todos los estigmas del feminismo salieron a flote, y no pude evitar sentirme más que enojada, porque eso demostraba no sólo la ignorancia de muchos de ellos – incluyendo a una mujer más – sobre lo que el feminismo verdaderamente es, sino de lo marcado que tienen sus prejuicios.

Para mí, el feminismo no es opresión, ni vengarme u odiar a los hombres. Es la necesidad de un mundo más equitativo. Igualdad de derechos es sólo un término legal, ¿díganme si se aplica cuando a las mujeres nos ponen a hacer la comida después de 8 horas de trabajo porque “ese es nuestro papel en el hogar”? ¿Si se aplica cuando nos toca un fin de semana de descanso hacer el aseo solitas, porque ellos están viendo partidos o salieron con los amigos?

El feminismo comenzó como una ideología, que pronto se convirtió en movimiento e incluso culto para muchas. En los 60’s las imágenes de quienes ahora puede que sean abuelas, quemando los brassieres en fogatas publicas sorprendía y alarmaba a los hombres. Hombres clérigos, hombres políticos, hombres militares que estaban acostumbrados a las mujeres sumisas, que se escondían siempre bajo la sombra de un hombre.

Hemos recorrido desde entonces un gran camino como mujeres. Tenemos no sólo derecho al voto, sino trabajos en altos mandos, derecho a la propiedad e igualdad en la educación entre muchos otros logros. Entonces muchos se preguntan, ¿por qué siguen alborotando el avispero? Es porque la organización social sigue sin alterarse mucho. Económicamente hablando, estudios demuestran que las mujeres reciben el 33% del sueldo mensual de un hombre, por hacer un trabajo igual o incluso superior. Si tomamos el caso de un país, como lo es México, estudios demuestran que 25.7 millones de mujeres trabajan sin recibir un salario. Y el problema radica desde algo tan sencillo como la educación. En el 2000 un 11.3% de la población femenina en Colombia de más de 15 años sigue siendo analfabeta.

Quería en ese momento resaltarles la importancia de ser feminista para mí a mis compañeros, por lo que destaqué algunos de estos puntos. Ellos me contrarrestaron diciendo que apoyaban a las mujeres en su lucha, que les parecía justo, y la mujer que se encontraba presente estaba de acuerdo con ello. Pero que ni a palo era feminista.

El reto es perderle el miedo y el estigma a la palabra. En el mundo moderno, para muchas ser feminista es un insulto. Yo invito a que levantemos la cabeza con orgullo, sigamos luchando por nuestros derechos y digamos: Soy feminista ¿y qué?

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