Soy sexy y barrigón

Soy sexy y barrigón

Fotografía: Alejandro Palomino

Así dice una canción de Andrés Calamaro. Cuando la escuché por primera vez me sentí plenamente identificado. Fue en un concierto en el Club Ciudad en Buenos Aires: Calamaro bailaba y exhibía su barriga, se la sobaba sin pena con una mano y con la otra tomaba mate. Esa canción también fue la cortina de EL CLAVO EN RADIO durante casi 40 programas, por su ritmo y porque dice “cada uno tiene su clavo, cada uno tiene su cruz”.

Tengo barriga desde el colegio, producto de pasar en la cama casi dos meses comiendo pollo sin sal y muchos dulces por una hepatitis. Pero desde antes venía trabajando mi protuberancia abdominal, luego de dejar de hacer deporte, fruto de la típica lesión de fútbol: esguince de tobillo. A pesar que corría con el yeso, elevaba cometas y montaba en bicicleta a escondidas de mi mamá, la barriga empezó a crecer. Es que a toda persona enferma, de lo que sea, le dan helado, gelatina y porción extra de tajada.

Ahí comprendí que cuando uno hace mucho ejercicio y deja de hacerlo, se engorda o le sale barriga. A mí me pasó lo segundo. Entonces es mejor no mal acostumbrar al cuerpo y no hacer ejercicio jamás. Resulta que mis papás me metieron a una escuela de fútbol porque les daba ira verme tirado en la cama viendo televisión “sin hacer nada”. Después me la pasaba en la calle “haciendo mucho”, jugando fútbol en todas sus versiones: gol contra la puerta de garaje, 40 contra 40 en el parque y la típica de murito y una piedra en la cuadra, parando el cotejo futbolero cuando venía un carro.

Luego vino el ejército y me resigné a que mi barriga iba a estar conmigo toda la vida. Es que después de hacer ejercicio todo el día a punta del famoso “volteo”, levantarme a trotar a las 3:00am, hacer abdominales, flexiones, sentadillas y ver que uno se va volviendo medio viga pero abajo no pasaba nada, que el flotadorcito abdominal seguía quieto, ya qué podía hacer.

Yo creo que ya hice todo lo posible por ser esbelto (tan fea esa palabra) tampoco me voy a meter en una súper dieta y abandonar el Chocorramo y la Pony Malta, eso ni a bala. Ni me voy a hacer nada “estético” para parecerme a Ricky Martin, en lo físico. Si estar “buenón” me da plata, ¡de una!, pero para cautivar a nuestra mediocre y falsa farándula criolla, no.

Por el lado de ser sexy de la canción, no hay mucho qué hablar. Calamaro en su canción sólo dice: “soy una buena combinación, de Homero Simpson con Rolling Stone”, no más. Me imagino que el man por ser artista y argentino tiene mucho a su favor. En cambio yo soy más caleño que un pandebono en una chuspa, mi novia dice que me quiere, mi mamá dice lo mismo y lo más importante es que yo también. Que convivo con mi barriga todos los días desde hace como 18 años y que mientras me pueda ver el pipí, aquí no pasa nada grave. ¡Salud!

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