Su morbo no deja de ser violento

Su morbo no deja de ser violento

LorenaArana

Por Lorena Arana
@AranitaArepita

La gente agrede y no necesita insultar, ni golpear a los demás; aunque sabemos que, en ocasiones, esos dos verbos terminan siendo el mismo. Nuestra especie tiene la habilidad de violentarse de mil maneras o por lo menos, de intentarlo; ya sea bajo los efectos de la ira o del alcohol… o de ambos.

Soy gay. Soy machorra. Soy felizmente original en mi forma de actuar, vestir y hablar. No me creo hombre. Me encanta ser mujer y estoy orgullosa de mis particularidades porque siento que hacen todo mucho más especial para mí. Por ejemplo, cuando eres única, todos te recuerdan.

La mayoría de mi vida adulta la he pasado con cabello corto y piercings. Siempre he sido yo, sin duda. Nunca me han confundido. Eso me gusta. Nunca me he avergonzado. Llevo mi homosexualidad como una bandera en alto y creo que, por eso mismo y por la forma en que la vendí, gracias a Dios hasta ahora no he conocido el famoso bullying, sin embargo, sé que hay algo inevitable y es que las personas me miren. No digo que sea por mi sexualidad. No la grito directamente cuando camino por la calle o al subirme a algún autobús, pero la gente no disimula su asombro ante lo diferente y esto lo puede corroborar cualquiera que esté fuera del prototipo caleño por alguna razón (flacos, gordos, calvos, discapacitados). No gritan, ni me golpean, pero no disimulan y para mí su mirada es agresiva. No me siento juzgada, incluso lo disfruto, pero su morbo no deja de ser violento.

Parece que muchos no entienden que somos libres hasta que atentamos contra los demás.  Yo entiendo, son sólo ojos, pero la intención es la que varía. Alegamos nuestros modales y nuestra educación, pero en un pequeño espacio de libertad que tenemos, tan básico como la vista, buscamos la forma de trascender las barreras con una mirada desinhibida.

Yo soy feliz, pero ¿qué sentirán los acomplejados?

Comments

comments