Un discurso antes del verdadero…

Un discurso antes del verdadero…

Sebastián París

Sebastián París

Un discurso antes del verdadero discurso de guerra

En Colombia están sucediendo cosas absurdamente estúpidas. Digo estúpidas porque sólo a seres humanos como nosotros se nos ocurre celebrar en medio de tanta devastación. Militares muertos, civiles involucrados en guerras políticas. Periodistas asesinados. Firmar acuerdos internacionales de comercio con Estados mucho más prolíferos y competitivos que terminan por despojar a nuestro propio poder interno bruto, como lo son nuestros campesinos, que también hacen parte de eso. Sólo a nosotros se nos ocurre posar en fotografías para modificar el perfil de nuestro Facebook cuando algunos “policías” en distintas partes de nuestro país abusan de su autoridad, asesinan, maltratan y quién sabe que más se les puede ocurrir –o al menos eso parece en las denuncias con vídeos–. Son muy imaginativos ellos. Es más, sólo a ciudadanos como nosotros, se nos ocurre publicar nuestras opiniones en contra de Juan Manuel Santos, mientras echamos a nuestras papas (que suben su precio como una subasta, mientras se usan como granadas en otras partes) salsa de tomate gringa y esperamos con ansias un Wall Mart o un Starbucks. Aun así, como capitalistas que somos, apoyamos a los campesinos que a su vez pierden su vida, no solo literal, sino figurativa.

La idea no es culpar al estado, la idea es hacerle saber al lector, al escritor, al estudiante, y a todos los que con indiferencia miramos las noticias, leemos el periódico o en su defecto escuchamos la radio, sin hacer absolutamente nada, que es por eso mismo, que estás cosas suceden, por no hacer nada. ¿Y es que cómo cambias el mundo mientras estas sentado, haciendo nada?…

¿Qué hay marchas?, ni siquiera todos lo hacemos. Ni siquiera la mitad de la población lo hace. A esa mitad que le vale una mierda lo que está sucediendo. La culpa es nuestra, seres humanos incompetentes, que nos hacemos ver inteligentes, quienes sacamos buenas notas en la universidad, para llegar a estudiar, encender el computador, chatear y acostarnos a dormir, día a día. El problema es ahora, y seguirá el día que te gradúes porque igual no hiciste nada cuando pudiste hacerlo. ¿Qué harás después?, quejarte. Es lo único que sabemos hacer, día a día…

Alguien me decía que tal vez, la solución es armarnos y luchar, luchar frente al Estado. Levantar nuestro puño y morir por lo que es justo. Y aunque eso provoque más conflicto, más violencia, más sangre y más desgracia, sí, es una solución. Pero hay formas de hacer las cosas, la mía, la de quien cree que la violencia se elimina con la NO violencia, es mucho más importante hacer cultura, hacer arte, hacer denuncias, salir a la calle, crear movimientos, educar, y edificar, porque es así, como se revoluciona el conocimiento, y es allí, dentro del conocimiento que se cambia el mundo. Necesitamos más locos que hagan algo, y menos comunes que critiquen todo lo que pasa. Necesitamos más personas que conversen de lo que sucede, y menos idiotas que con sus gafas oscuras salgan hacer amigos. Sólo a fumarse un cigarrillo. Y si no tiene usted locura, adquiérala, porque en un país como en el que estamos, no es difícil perder la cabeza, pero antes de perderla, haga algo con ella.

Y para no caer en mis propios prejuicios empezaré por dar una solución que yo mismo empecé a seguir antes de redactar esta columna. Una solución muy simple, diría la más simple de todas: empieza por cambiar tu propio pensamiento, importoculista, insignificante, mediocre y conformista. Esto que vivimos ahora no es lo mejor que podemos vivir, ni siquiera deberíamos aceptarlo, porque no se acerca si quiera, a ser algo digno para ver a nuestros hijos crecer…

Sí quiere despertar, más vale que lo haga ahora, más tarde, quizá ya no haya nada más por lo que de verdad se pueda luchar, cambiar, amar, y hacer de nuestra propia existencia algo que realmente valga la pena.

Sebastián Paris
sebastiam@hotmail.fr

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