¡Va la madre !

¡Va la madre !

madre art

Por Manuel Tiberio Bermúdez
@Charlemoss

El “Día de las madres”, es una fecha que sirve para que los almacenes salgan de sus mercancías, los bolsillos de todos queden más menguados, para que los remordimientos se transformen en ríos de licor y para que las mamás, tengan más trabajo que de costumbre.

Porque si uno se pone a observar con detenimiento, ese día, la pobre mamá, que debería ser la homenajeada y consentida, le toca el más duro de los “camellos” para atender a los hijos que -sólo por esta vez – se acuerdan de la “vieja” y llegan de visita.

Para la ocasión, compran en medio del guayabo más aterrador unas “anchetas” que contienen un vino de mala calidad, unas galletas pasadas que los comerciantes aprovechan para vender a “la lata” y una jarra del más burdo vidrio que trata de imitar el fino e inalcanzable cristal.

Todo comienza con la llegada de los hijos desperdigados, a la casa de la madre. Pero como sucede casi siempre detrás de los hijos llegan las “nueras” o “los yernos” con sus respectivos vástagos y estos a su vez llegan a revolcar la casa que hasta ese momento se ha conservado en la más absoluta limpieza y orden.

Como “celebración especial” se manda a traer un “pollo apanado” para que la “vieja” no tenga que cocinar, pero le va peor, pues le toca servir, mientras sus hijos ya han empezado a ingerir el licor para la celebración. La pobre mamá se ve en las duras para repartir un pollo que tiene que hacer rendir para todos los auto invitados a la conmemoración.

A eso del medio día, apenas están comenzando las desdichas para la festejada. De repente aparece el hijo malo “la oveja negra” que los demás hermanos miran con desdén mientras la vieja trata de reconciliar con una mirada la animadversión que genera en el resto de la prole. Los celebrantes ya “chispiados” se olvidan de los rencores guardados adentro de sus seres e invitan al recién llegado a tomarse un traguito en homenaje a la mamá (a la que hace rato le están obligando a consumir el vino de la ancheta y del cual la mamá no quiere saber nada).

El tiempo pasa y el licor ya está haciendo efecto en los festejante. Las palabras comienzan a subir de volumen, mientras la matrona (supuesta festejada) lucha con los niños que a esa hora ya se han orinado en la alfombra, roto dos o tres porcelanas y están peleando por los canales de su preferencia en el televisor, mientras la mamá trata de apaciguarlos, ya que sus padres y madres están en lo fino de la celebración del día de mamá.

La cosa se complica cuando los efectos del licor han puesto en la memoria de todos los momentos menos gratos que han pasado como hermanos y comienzan a recordar las embarradas de cada uno y olvidándose que son hermanos de sangre terminan mentándose la madre (misma a la que celebran su día) y a la que por el único día del año están festejando.

La pobre vieja, que ha pasado el día más ajetreado del año debido a la celebración, termina llorando cuando trata de evitar el enfrentamiento entre los hermanos y a eso de las dos de la mañana viene a descansar cuando el último de los hijos, vencido por el licor y dormido en una silla de la sala, le permite apagar el equipo de sonido que ha estado a todo volumen lanzando rancheras lacrimosas y tangos moribundos, mientras la “vieja” trata de disculparse con el vecino que en tres ocasiones le ha pedido el favor de bajar el volumen a ese ruido que no le deja dormir.

Yo creo que la mayoría de las mamás tiemblan cuando se le anuncia la celebración de su día…y con toda razón… De todas formas espero que todas disfruten una feliz celebración.

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