¿Y después qué?

¿Y después qué?

Los lectores de El Clavo crecieron sin escuchar a un puertorriqueño que no cantaba reggaetón: José Feliciano. Un artista invidente que veía por los enamorados al ritmo de su guitarra tiempos atrás, en la época en que se conocieron sus papás, los de ustedes. Uno de los versos de su más famosa canción, “Después de ti, ¿qué?”, dice:

Después de ti no hay nada

ni sol, ni madrugada

ni lluvia, ni tormenta

ni amigos, ni esperanza.

¿Se oye bien, sí o no? ¿Pero será cierto?

Cuando las relaciones de pareja se acaban de un momento a otro, uno recuerda que se adelantó la fecha del fin del mundo. El rosa de nuestros sueños desaparece y nuestra cotidianidad de nuevos solteros se vuelve más aburrida de lo que ya era antes, en blanco y negro, como en la propaganda de televisión donde al tigre se le borraban las rayas porque ya no había color para pintarlo.

Le llaman “duelo” los psicólogos y “tusa” los fans de Johny Rivera o Darío Gómez. Es esa pendejada que le da a uno cuando piensa en los sueños que ni siquiera se formularon y en las realidades que tampoco se vivieron. Es imaginarse en escenas donde sí pasan las cosas que también pasan en las películas, en la vida, en TNT… es un momento de transición entre lo que pudo haber sido y no fue.

Al tiempo, no sé cuánto más o cuánto menos, uno cae en cuenta de que el mundo siguió girando en el mismo sentido y que el guayabo de un trago cualquiera ya se nos pasó. Un día, como todos los demás, amanece y el sol vuelve a salir pero dentro de nuestra propia madrugada. Y uno busca a su pareja nuevamente para compartirle esa experiencia con el propósito de recuperar el tiempo perdido y continuar el camino nunca antes transitado.

Y ahí uno se da cuenta de que desafortunadamente después ya no hay nada con esa persona, porque no quiere saber nada de uno. Sólo le interesa seguir marcando una enorme distancia de forzado olvido. Se convierten en protagonistas de un libro o una película donde actúan como si nunca hubiera pasado algo, porque así está diseñado el novelón de las relaciones con los ex. Prefieren lo que el libreto dice antes que valorar lo que están sintiendo, sea alegría o rabia, con esa persona que ahora quiere vivir nuevas cosas en otro contexto. La actuación y no la originalidad.

Después de ti no hay nada

ni vida en el alma

ni paz que me consuele

no hay nada si tú faltas.

Es verdad. Las cosas se acabaron, cambiaron, no van a volver a ser iguales para bien o para mal, ya no se sabrá. Pero después de esa persona que tanta falta hace sí hay algo, y en eso Feliciano estaba equivocado con su romántica canción. Después sí hay alguien solo pero lleno de cariño, buenos recuerdos y agradecimiento: uno mismo. Y con todos los colores del tigre, ¡amanece!

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