Sobre memoria y ética de la misma

¿QUÉ ES LA MEMORIA? ¿CÓMO VA SU PROCESO DE RECUPERACIÓN EN COLOMBIA?

Luego de la II Guerra Mundial, a partir de los juicios de Nuremberg, iniciaron acciones para recordar los hechos atroces que ocurrieron dentro de este conflicto, específicamente los hechos que ocurrieron detrás de las murallas de alambres de púas donde murieron millones de judíos, que luego para recordar este periodo se nombró La Shoá o El Holocausto; posteriormente, aunque en otros lugares de Europa más sucesos necesitaron del uso de la memoria, Latinoamérica tuvo que recurrir a ésta para recordar hechos violentos que querían ser olvidados, precisamente por quienes los perpetraron: países como Chile, Argentina o Brasil, intentaron que estos recuerdos no cayeran en el olvido, y en la actualidad hacen uso del lenguaje, los lugares, las imágenes y los textos para mantener en la superficie ese pasado. Una de las primeras formas de recuperación de la memoria se realizó en Argentina a partir de la movilización de las Madres de la Plaza de Mayo (ahora abuelas), que lucharon por la verdad sobre las desapariciones de jóvenes argentinos, llevados a centros de detención ilegales y posteriormente asesinados, bajo la premisa de que eran guerrilleros que atentaban contra la estabilidad del Estado y la familia argentina. Como resultado, estas madres lograron llevar juicio y condena a altos mandos militares de argentina, además, luego crearon lugares de memoria, para recordar los hechos sucedidos.

Pero ¿Qué es la memoria? ¿En qué situación podemos recurrir a ella? ¿Para qué sirve? ¿Hasta dónde podemos y deberíamos recordar? En Colombia la memoria no parece ser usada en gran forma, aparentemente nadie ha fungido una dictadura como tal y no ha desencadenado violencia vertical que merezca ser recordada. O tal vez sí, desde las sombras y con nombres de pila diferentes. En entrevista con José Fernelly Domínguez Cancelado, magister en sociología de la Universidad del Valle, y Delfín Ignacio Grueso, doctor en filosofía de la Indiana University, se intentará responder estas preguntas, y aclarar de alguna manera qué es la memoria y su recuperación, para luego entender cuáles son los límites que brinda la ética en un caso de rememoración del pasado, y, finalmente, tratar de obtener una percepción sobre la situación actual de la recuperación del pasado en un proceso de postacuerdo.

José Fernelly Domínguez Cancelado, actualmente se encarga de la recuperación de la memoria de la Escuela Militar de Aviación Marco Fidel Suarez, a partir de su creación en 1933 hasta el 2016, teniendo en cuenta las razones académicas de su nacimiento y lo logros que en este mismo aspecto ha dejado en la región, más que fijarse en los militares o armamentísticos. José Fernelly habla de una memoria social, que nace como necesidad de la sociedad ante las atrocidades que se vivieron durante la segunda guerra mundial. Sus primeros usos se remontan a los actos de su recuperación en Alemania y los Juicios de Nuremberg. “La memoria como campo social, como campo de estudio arranca según sus orígenes recientes en los procesos de Nuremberg. Octubre del 45 a más o menos noviembre del 46. A raíz del juicio que se hizo a buena parte de la oficialidad de la S.S, de la Gestapo, por los crímenes de guerra cometidos en la segunda guerra mundial”.

Sin embargo, como objeto de estudio tenía un poco más de tiempo de desarrollo. Maurice Halbwachs, sociólogo francés, considerado uno de los principales exponentes de los estudios sobre la memoria, es quién inicia las reflexiones sobre este objeto de manera más amplia, desarrollando nuevas consideraciones planteadas en sus libros tales como “Los marcos sociales de la memoria” (1925) y luego su obra postuma “La memoria colectiva” (1950). Son los inicios del cambio de una postura sobre la memoria, de un proceso individual, a un proceso enteramente social que se puede compartir. Es decir, se pasa de una memoria enteramente individual que no puede ser compartid y que solo me pertenece a mí. Sin embargo, ante una memoria social, el recuerdo se puede compartir, incluso su recuperación se hace más efectiva ante la recolección de relatos.

La memoria es la presencia viva del pasado en el presente, dice José Fernelly citando a Henry Rousso: “… podemos tener otra definición, es el medio de comunicación con el pasado que tienen unas características particulares … Porque si para la comunicación tradicional, solo cuenta lo emitido, lo escrito, lo hablado, la imagen producida, para este tipo de comunicación cuentan también los olvidos, los silencios… Son parte del estudio”. Y es que para muchos la memoria solo puede considerarse como una cuestión de recuerdos que pueden ser archivados en un armario, disponiendo unos como importantes que son los que siempre tenemos a la mano, mientras que los segundos tal vez menos relevantes o que queremos olvidar, están en el fondo y mal organizados. De hecho, la memoria es un intrincado campo en el que juega un papel importante la subjetividad del individuo que recolecta relatos de un grupo sobre un hecho violento, o de una identidad que se quiere recuperar antes que olvidar. Esto se debe a que el relato, los silencios, el lenguaje, el olvido y lo que comparten las personas de un grupo es importante porque ayuda a evocar, reflexionar y seleccionar el pasado, desde el presente, uniendo cada relato para crear una memoria colectiva.

Por otro lado, la memoria intenta distanciarse de lo que algunos llaman “memoria histórica”. Si bien, hay intentos de historiadores, estos se enfocan en las dinámicas de la memoria más no en su recuperación. Según José Fernelly la memoria se diferencia de la historia debido a que esta última “trabaja con lo objetivo, con el archivo, con el documento… no puede trabajar sobre silencios y olvidos, porque justamente, lo que no se conoce ya se olvidó. La historia es un proceso cognitivo. la historia aspira a la unicidad, siempre tiende a unificar las versiones de los acontecimientos. La memoria trabaja sobre lo que se olvidó, lo que el colectivo, el grupo humano olvidó. Por qué lo olvidó, por qué desapareció. Es una cultura es una lengua que desaparece, desaparece la memoria. Por eso, no podemos hablar alegremente de memoria histórica.”

Teniendo en cuenta toda esta discusión sobre la memoria, podemos entender que su uso se da para la recuperación del pasado y los hechos que sucedieron en este, llevar a la luz la verdad. Pero, además, “conocer el pasado nos permite tener un sentido, o sea una dirección, un lugar, un espacio y un tiempo”, declara Jose Fernelly. Por su parte, el doctor en filosofía Delfín Ignacio Grueso, plantea el uso de la memoria como un aclimatador de la paz luego de un conflicto, que debe ser considerada como necesaria, pero que también tiene un límite ético, “el peso específico de la memoria en la aclimatación de la paz es siempre discutible, y en torno a la memoria siempre hay un debate ético”.

¿Qué tanta memoria se debe rescatar, y, hasta dónde se puede considerar que la memoria es útil para trascender el momento nefasto del pasado y abrir la convivencia? ¿Hasta qué punto se convierte en un obstaculo? Son las preguntas que se plantea Delfín Ignacio ante la cuestión ética. Responde, entendiendo que exista un estancamiento en el proceso de recuperación de la memoria sin capacidad de reconciliación y perdón, puede considerarse un obstáculo. Sin embargo, no se deja de lado la importancia del uso de la memoria ya que según Delfín Ignacio “la memoria es importante, en buena parte nuestro problema como nación, es que aquí ha primado siempre un pacto de olvido, nuestra historia es una sumatoria de impunidades y de olvidos selectivos que hoy también quieren imponerse, la memoria siempre es una ganancia contra esa peste del olvido”.

Ante estas palabras cabe agregar las de José Fernelly que ciertamente refuerzan esta capacidad de la memoria como facilitadora de la reconciliación, nombrando un caso en el que no se llevó a cabo su uso, en cambio, el olvido reinó y el conflicto se prolongó por décadas más. “Se pide perdón a partir de haber dicho la verdad y haber pagado, haber resarcido el daño realizado, ya les toca a las víctimas decidir si perdonan o no perdonan, pero en todo caso, se espera que renuncien a la venganza”. Por ejemplo, en la primera oleada de violencia generalizada en los años 50, un conflicto entre liberales y conservadores generó cientos de asesinatos y dejó millones de desplazados por cuenta fuerzas armadas civiles financiadas por el Estado como “Los Chulavitas”. “Luego de que se apaciguara este conflicto a partir de la repartición de poder con el frente nacional no hubo verdad, por lo tanto, no hubo justicia, no hubo reparación y, por lo tanto, el fenómeno se repitió”.

En Colombia, según José Fernelly Domínguez el proceso de recuperación de la memoria es fértil, ya está empezando y desde diferentes ámbitos. Uno de ellos es el “oficial” llevado a cabo por el Estado y el Centro de Memoria Histórica. Por otro lado, movilizaciones académicas también se encargan de recuperar la memoria, como el proyecto que desarrolló José Fernelly en el Norte del Cauca y Sur del Valle desde la USC. Rio Arriba Memorias del Conflicto fue el documental que recolectó los relatos de las víctimas de las tomas paramilitares y guerrilleras en las veredas de Lomitas Santander de Quilichao, y Florida, Valle del Cauca. “Hasta el año pasado la gente comenzaba a organizarse para defender los sitios que iban a ser tumbados que para inversión de dineros y toda esta cosa, por lo menos había conciencia de que determinados lugares donde se perpetuaron muchos hechos de violencia no deberían ser destruidos. Hay una mesa de víctimas con la que estuvimos trabajando, y aportando algunos elementos tanto en Santander de Quilichao como en Florida. Y a todos ellos también se les devolvió lo que habían colaborado en forma del documental, que también les ha servido para entrar ahora a la comisión de la verdad y entrar a reclamar.” En la casa comunal de la vereda de Lomitas en Santander de Quilichao se llevaron a cabo atrocidades por parte de grupos paramilitares que buscaban sembrar miedo en el territorio. Ahora que no están y dejaron una cicatriz en la memoria de las víctimas que poco a poco regresan a sus tierras, recordar los hechos de manera que puedan crear conciencia en las nuevas generaciones, para buscar justicia y no repetición, mantener lugares como la caceta comunal fue logro contra el olvido.

Por su parte, el filósofo Delfín Ignacio Grueso comprende que la memoria ayuda a llevar a cabo la reconciliación, pero debido a que el proceso de paz se desarrolló con bastantes complicaciones la reconciliación puede ser difícil. Ante la pregunta sobre Colombia y su nivel de preparación para una reconciliación a partir del proceso de recuperación de memoria Delfín Ignacio responde que “no, no estamos porque este proceso de paz se llevó a cabo y se negoció y se firmó y se aprobó, en medio de una creciente polarización política, no hay un consenso político en torno a la paz. Hay un sector o varios sectores interesados en destruir ese acuerdo de paz, y son sectores poderosos”.

Por el momento, estos dos docentes esperan que sociólogos, comunicadores, filósofos, demás profesionales y las personas del común, se encarguen del debate, de la investigación sobre la memoria y demás, se acerquen a la academia y que aporten a la construcción de una Colombia más cerca de la paz.

 

AUTOR

José David Ortiz

@p97jose

 

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