A Favor del Voto en Blanco ¡Es hora de despertar!

A Favor del Voto en Blanco ¡Es hora de despertar!

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Hace algunos años, intentando alejarme de manera irresponsable de temas trascendentales como la política, busqué refugio en un libro del premio Nobel de literatura portugués José Saramago, llamado “Ensayo Sobre La Lucidez”.

Grave error. Debí haber sido más cuidadoso. Por lo menos hubiera mirado la carátula, en la que aparecen dos hombres y dos mujeres dibujados borrosamente y sólo se ve con claridad que estas personas levantan unas tarjetas blancas, en señal de victoria y regocijo, lo que para una persona inteligente hubiera sido señal de que se trataba de una obra política, escrita por un genio y escondida en la frescura y encanto de la literatura.

El “Ensayo sobre la lucidez”, resultó para mi infortunio, una obra que cambió mi forma de ver la política, pues me enseñó que lo que yo creía saber desde la perspectiva académica del voto en blanco, era nada con lo que Saramago en un relato satírico mostraba, frente a una de las herramientas más poderosas que debe tener una sociedad que se precie de tener un sistema democrático avanzado.

Y es que el voto en blanco se ha convertido en una verdadera leyenda urbana y luego de leer a Saramago, me di cuenta que ha sido una verdadera elaboración perversa de aquellos que tienen temor reverencial de perder el poder en el que se han enquistado en la sociedad, donde familias enteras se turnan, donde las oligarquías de derecha tratan de ser sustituidas por otros, que luego pasan a ser oligarquías de izquierda o de centro, o como deseen llamarse. El caso es que en esa clase de política, la mentira y el engaño son verdaderas virtudes.

Y es que todos esos “virtuosos”, de izquierda, de derecha y de centro, tiemblan cuando escuchan hablar del voto en blanco y perversamente, se dedicaron de manera estructural a programarnos, a hacernos creer que votar en blanco, es “botar el voto”.

Así que del escepticismo, sacaron ventaja los partidos y en una espectacular carrera de escépticos e inconformes, por décadas nos pusieron a votar por unos, para que no queden los otros, es decir, se nos hace creer que un candidato X, el cual nos produce profundo rechazo, puede llegar a ganar las elecciones. Entonces votamos por el candidato Y, el cual nos produce rechazo, pero obviamente no tan profundo, con tal de que X no gane, pero no hemos podido entender (a causa de las leyendas urbanas) que el voto en blanco es una verdadera alternativa política, con poderosas consecuencias: capaz de hacer que una sociedad se repiense y se redefina, sin necesidad de votar por el menos malo.

¿Pero qué es el voto en blanco? En primer lugar es un derecho y un deber ciudadano, donde si de manera clara, expresa y consciente, la mitad más uno (mayoría absoluta) de los votos válidos son en blanco, el pueblo manifiesta su inconformismo, rechazo e insatisfacción con los candidatos que pretenden dirigir los destinos de su sociedad. Entonces se debe convocar a nuevas elecciones y los partidos no podrán presentar a los mismos candidatos o listas, lo que constituye un verdadero castigo a los partidos y se le atribuyen consecuencias políticas a dicha inconformidad, generando una verdadera carga de profundidad al sistema, lo que generaría de inmediato la obligación de los partidos de revaluar sus amañadas prácticas “tradicionales”, dando lugar a una renovación obligatoria que en términos de George Bernard Shaw, sería: “los políticos son como los pañales, hay que cambiarlos con cierta regularidad, ambos por las mismas razones”.

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