Adiós

Adiós

Quisiera decir que es sólo un hasta luego, pero ya es un hecho, es un adiós… Cargado de nostalgia, indignación, dolor y cierto nivel de angustia ante un porvenir incierto.

¡Adiós al sonoro “¿Amigo, me lleva en mil?”, al cantante con su particular tono de voz, a los vendedores con el mismo discurso: “Señor pasajero con el permiso del señor conductor…”, adiós a aquél “me colabora para atrás por favor”, al peluche de colores extravagantes en la palanca de cambios, al perrito de cabeza movible,  a el cuadro de aquella familia que trabaja unida, a el viento en la cara, a el sonido del timbre, a los chirridos de la registradora, a los pregoneros invitando a qué los pasajeros se suban… Adiós al los buses urbanos, a nuestros queridos, odiados y lamentablemente olvidados!

De nuevo, una vez más nuestros dirigentes disfrazados de mansas ovejitas; anteponen sus intereses, pasando por encima del pueblo dejando atrás sus verdaderas necesidades, olvidando nuestra condición humana, relegando su respectiva responsabilidad social al destino, a Dios y a los mismos afectados.

Este primero de septiembre la cancelación de la tarjeta de operación y la salida de circulación de 12 rutas de transporte urbano de nuestra ciudad, será un hecho; después de la revocación de la tutela que ordenaba que 295 buses y busetas fueran reintegrados, la Secretaría de Tránsito celebró y afirmó que para noviembre  no quedará ni uno sólo “vivo”.

Se desvanecen los colores; empresas como Amarillo Crema, Azul Crema, Azul Plateada, Crema y Rojo, Rojo Gris, Alfonso López, Pance, Río Cali, Papagayo, Coomoepal, entre otros, reducirán sus colores a Blanco y Negro, y sus números de ruta a cero.

Dentro de menos de tres meses, todo lo que conocemos como nuestro sistema de movilidad cambiará, no habrá más opciones, aquellos recorridos que en las alas de un colorido Papagayo 8 duraban tan sólo 30 minutos, se alargaran a 90 en las llantas de un desabrido MIO; una hora de nuestra vida perdida, y eso que sin contar aquellos tantos que debemos gastar esperando ansiosamente la llegada de uno de éstos tanques, monótonos y predecibles.

Es en éste momento donde en realidad pensamos ¿qué tan MIO es el Transporte Masivo?, ¿qué tan nuestras son las decisiones que con libre albedrío toman los dueños de éste monopolio aprovechándose de la necesidad social que significa transportarse?…

Frívolos, como la realidad, terminan siendo éstos aparatos; al menos en los buses gracias, por favor y buenos días aún se hacían presentes… Es triste ver como en menos de 15 minutos una máquina con pinzas parecidas a las de un cangrejo (que camina para atrás) destroza los vehículos, vida y sustento de cientos de personas.

Dolor es ver cómo mientras nuestros recuerdos, los sueños, y el alimento de centenares de familias se convierte en un montón de chatarra, nos quedamos con los brazos cruzados.

Definitivamente y como lo dijo el chofer del último bus que abordé,  “aquí hacen lo que les da la gana con el pueblo, porque nadie dice nada”.

A no ser  que tomemos conciencia y hagamos uso de nuestros derechos como  ciudadanos, seremos la fiel copia del perrito de cabeza movible que a todo le dice sí.

…los extrañaré con mis entrañas.

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