AgriDulce

AgriDulce

Paola Cortés

Paola Cortés

Lobsang Salguero

Lobsang Salguero

¿Cuál es la pena?
Debería de darnos pena

A: Lobsang Salguero

D: Paola Cortés

A:

Es curioso ver la vergüenza que despierta en muchas personas, el reconocer que les gustan las novelas y que destinan tiempo para verlas. La pregunta es ¿dónde está el pecado en ver novelas? ¿Por qué ocultar que muchas de ellas son fabulosas, son rosa y nos sacan por un momento de este mundo lleno de contradicciones y problemas?

D:

Gente falta de oficio y curiosidad cultural es lo que abunda, una telenovela mal escrita, pobre ejercicio de literatura, ¿cómo puede llevarme fuera de un mundo donde mueren niños en las aceras? El pecado está en cerrar los ojos a la realidad y pensar que por ser rosa llena de dulce lo amargo.

A:

He tenido la oportunidad de ver ejecutivos, que a hurtadillas ven las novelas y están pendientes de su desarrollo, pero obviamente esto jamás lo aceptaran en público; es más, harán todo lo contrario, hablarán mal de ellas y hasta se burlarán.

La franja en la que es más costosa la inversión publicitaria es precisamente la franja en la que se encuentran las novelas. Incluso Colombia es un país que ha construido todo un imaginario alrededor de las novelas, por eso muchos de los modismos, inventados por los libretistas de estas historias, se quedan en la memoria de los colombianos por largo tiempo y se convierten en nombres o formas de llamar situaciones o cosas.

D:

Es que el imaginario del colombiano promedio es tan elemental como su capacidad de pensamiento político, a veces creo que nos merecemos los dirigentes que tenemos. Más fácilmente se queda en sus mentes una leída por un actor de utilería en un canal servil a intereses económicos, que una reflexión sobre el origen de los problemas del país.

A:

En nuestra memoria reposan recuerdos de novelas como Gallito Ramírez, Café, Betty la Fea, La hija del mariachi, entre otras, y con ellas Colombia ha tenido el conocimiento internacional, pues la narrativa Colombiana es interesante en un país donde las tragedias más grandes son la inspiración de los chistes mas graciosos, las historias tienen matices que sobrepasan las lágrimas y se obtienen novelas entretenidas que mantienen al público cautivo (y a la caja registradora funcionando, para el caso de los canales).

D:

Nos enseñaron a reirnos de nuestras desgracias para que pudieramos alcanzar las puertas del cielo bañados en nuestra mortaja de mártires, nos tumban y nos reímos, matan nuestros líderes y miramos para otro lado, ese es el colombiano televisivo.

A:

Entonces, ¿por qué nos da pena reconocer que vemos novelas? No tiene nada, no pasa nada; tal vez el miedo a reconocer que las novelas son cautivadoras se debe a la falsa creencia de un rechazo social, es decir, que las personas consideran que si reconocen que ven novelas se verán vacíos y poco “intelectuales”, pero no es así. ¿P or qué engañarse y ver las novelas a hurtadillas?

D:

Pero si le preguntamos al colombiano promedio cuántos libros lee en un año algunos dirán que 1 o 2, pero si indagamos un poco más sobre qué libros lee veremos que son tan o más vacíos que las novelas llenas de putas, narcos, prepagos, migrantes. La capacidad de discernimiento no se mide por los libros leídos o los documentales vistos, se debería medir por el arrojo y valentía para apagar el televisor y mirar el mundo real.

A:

En conclusión, si las novelas no fueran vistas no serían la industria que mueve registradoras. Ver novelas no está mal, están hechas para divertirnos y alejarnos, del día a día lleno de problemas. La pregunta es ¿desde cuándo ver novelas se convirtió en un tabú y en la vergüenza pública?

D:

Mientras tengamos un país lleno de fútbol, putas, narcos y otros distractores, seguiremos viendo a los corruptos y asesinos llevarse nuestros tesoros. Para qué pan cuando hay circo y telenovelas.

Comments

comments