Al final, uno ¡cae! Presiones del género femenino

Al final, uno ¡cae! Presiones del género femenino

 

Johann Aranzalez

No logro comprender por qué algunas mujeres se afanan tanto por casarse; como si fuera pecado dejar de hacerlo. Y pensar que desde que surge la idea comienza a afectar la relación.

Antes del matrimonio todo fluye con armonía. El noviazgo es una luna de miel; hay amor, pasión, ternura, tolerancia, respeto y camaradería. Tan pronto entra en consideración el bendito sacramento afloran fricciones, desavenencias, egoísmo, jartera y mentiras. La enfermedad se ve venir.

La ‘formalización’ del compromiso acaba con la espontaneidad del amor; siembra la cizaña del capricho; acerca a la suegra; impone reglas y ahoga la creatividad.

Es por eso que el color blanco predomina en la ceremonia matrimonial. Este no alude a la pureza como dicen a veces -pues ya no hay mujeres vírgenes-. El blanco representa el color de las camisas de fuerza.

Puede ser cuestión de edad, de hormonas o de presión por parte de sus amigas y de la sociedad, pero la propuesta impuesta llega como cualquier otro desacierto del destino: Mi amor llevamos tantos años ¿Cuándo nos vamos a casar? Ya todas mis amigas…tal, tal y tal.

¿Y ahí qué dice uno?… Toca comprar tiempo. Comienza a ponerle todo tipo de ‘peros’ a ver cuál logra salvarlo del yugo conyugal.

Linda es que yo ahora ando muy ocupado con el trabajo y no quiero saturarte con el estrés del día a día. Cuando uno por dentro está pensando: imagínate tener que ver esta loca todos los santos días. Eso sí sería estresante. Flaca es que para casarnos necesitamos cierta estabilidad. Yo quiero tenerte a mi lado como una reina, con todo lo que te mereces.

Internamente: qué tal tener que empezar a comprarle ropita, bolsos, zapatos, cosméticos, shampoo, cremas y tampones, entre otros.

Mi vida es que estoy esperando a que me entreguen el apartamento del que te hablé; para que tengamos un sitio fijo y suficientemente amplio y no haya necesidad de estar mudándonos. Por dentro: uno se imagina a la mujer llenándole todos los clósets y cajones del apartamento. Ni hablar de los espacios en las estanterías y muebles del baño.

Mi amor es que sabes que mi relación con tu mamá no es la mejor y yo espero limar asperezas antes de llevar a cabo esto. Ya sabes, para no llevarle la contraria. Nada como tener que aguantarse la lora de la suegra. Y casado sería día de por medio y en la casa de uno.

Bizcocha, al fin y al cabo ¿qué es un papel o un contrato? ¿Cómo se va a medir el amor con un bendito sacramento? Lo importante es que yo te quiero y te respeto por encima de todos esos protocolos que se ha inventado el hombre para enredar la vida. Uno puede sacar todas las  disculpas, pero al final, el destino termina haciendo de las suyas, el capricho de ellas se impone y los preparativos de la boda se van sumando de la misma manera que se juntan las nubes para una tormenta.

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