Bitraición

Bitraición

Autora: Manuela Botero

Sabía que te gustaban las lentejas, que tenías un perro y un apartamento con vista restringida. Sabía que te ibas a cambiar de carrera y de ciudad; sabía que respetabas más a los semáforos que a muchos de tus pocos amigos; nunca supe de qué color eran tus calzoncillos y mucho menos me imaginé que fueras gay.

J me miró a los ojos, a las 7:00 am de un miércoles que ya pecaba de aburrido. Tenía la postura de un tipo al que lo han condenado a cadena perpetua; sus ojos me tragaron por breves minutos y, como si yo no supiera que quería hacerlo, me dijo: tenemos que hablar.

La sangre me hervía en las orejas.

-Besé a M. (Colapso cardiovascular)

-Fue a mi casa y no pude evitarlo (Desconexión cerebral)

-Vos sos mi mejor amiga y tenía que decírtelo (Quemadura de tercer grado en las piernas por el café)

-M me dijo que no te dijera nada (Eco de la última sílaba, ojos cerrados, imagen de la escena recién descrita, contención lacrimal)

M era mi profesor, pero eso ahora no importa. Lo fundamental es que estaba perdidamente enamorada de él, por las razones que hayan sido y con toda la testarudez que tiene una adolescente cuando se enamora de su profesor. Ahora lo veo graciosamente doloroso, él no era tan inteligente ni valía tanto la pena, pero era un tipo que estaba dispuesto a fingir que escuchaba lo que tenía para decir. Albergaba  algunos defectos y manías notables, pero era real, así lo creía. Aún conservo una carta larga en son de declaración que tenía planeado entregarle un día y para siempre.

Uno no puede juzgar a nadie por sus inclinaciones sexuales. La sexualidad polimorfa de la que habla Freud explica que el infante, biológicamente hablando, conserva ciertos vestigios del sexo opuesto, creando una serie de represiones que se manifiestan de manera inconsciente y generan una tendencia de afinidad con el mismo sexo. Sin embargo, Freud nunca habló de una constitución bisexual y, por supuesto, jamás consideró los daños colaterales.

Si bien a uno le gusta lo que le gusta por lo que sea, (biológico, psicológico, emocional o intelectual) debe tener las pelotas para decirlo, para ser claro, de eso se trata el respeto. Personalmente creo que la bisexualidad, en estos tiempos, viene siendo una excusa de los mismos creadores de: “Soy bipolar”, “tengo un hijo Hiperactivo”, y “soy borderline como Winona Ryder en Inocencia interrumpida”. Una forma ambigua y cómoda para no asumirse como se es; en otras palabras la bisexualidad también es una moda.

No puedo describir la serie de hematomas que conservo de este hecho. J es un perverso y M MANOSEÓ toda mi indumentaria sentimental para acercarse a él  sin importarle el hecho de haberme sometido a una mentira muy bien construida; escudándose en un limbo sexual que más que comprensión me sacó humo de la ira. Pues, la consideración y el respeto, son cosas que se exigen y se dan. Yo, que he sido una mujer inestable, hormonal, clara  y llena de caprichos incumplibles, ahora me veo sumida a una nueva preocupación (si es que no decido quedarme sola de una vez por todas): que mi pareja también sea pareja de hombres, mujeres, perros, árboles, niños, loncheras y todo lo que se atraviese.

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