Bombasticolombia

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Los procesos de paz en Colombia han tenido toda clase de trabas, altibajos, interferencias de derecha, izquierda, gobierno y hampa, siendo siempre los civiles rasos y los ciudadanos de a pie los afectados. Se busca obtener la paz para poder vivir mejor, pero en apariencia a estos personajes nefastos lo que les interesa es hacernos vivir peor.

La bomba fue detonada. El exministro Londoño salió levemente herido. 2 agentes murieron cumpliendo con su labor, y más de 50 personas salieron afectadas, con contusiones y heridas en cuerpo y mente. Pues la herida emocional y sicológica no es sencilla de tratar. Quizás seamos un país desmemoriado, pero quienes no están tan jóvenes recuerdan esa temporada de finales de los 80’s y de los 90’s donde los atentados estaban a la orden del día, donde poco o nada les importaba volar edificaciones completas con el fin de sembrar el caos y la zozobra en las mentes de los colombianos. Porque si hay arma que de verdad sea poderosa, esa es el miedo. El herido sale maltrecho, y si corre con suerte se recupera físicamente, esperando que no tenga complicaciones de índole físico. (Eso si la EPS no lo deja desamparado). Pero la mente juega con los temores, y ya cualquier personaje a pie con bata blanca y gorrita de rasta que lleve un canasto en la mano puede matar de un infarto a alguien sin tan siquiera tocarlo.

Sino pregúntenle a los que les tocó sufrir el atentado al exministro Londoño.

Y con el miedo de la bomba detonada, la mente se distrae del miedo inicial que se tenía al arrancar el TLC, miedo que crece a cada momento, porque detrás del tratado vienen los gravámenes a toda clase de productos e insumos, las desventajas comerciales y la inminente marejada de productos de dudosa calidad a nuestro país. Se habla de ventajas económicas para los clientes y de nuevas ofertas en los mercados para exportar. Pero se desconoce que los clientes sin capacidad de compra no pueden verse beneficiados de las rebajas en los precios si el desempleo y la brecha económica crece, pues para nadie es un secreto que la estructura mercantil colombiana es arcaica, abandonada y relegada, no se invierte en ella y cada día es más obsoleta la estructura vial colombiana, casi que diseñada para el inminente fracaso nacional del TLC.

En un país de vocación agrícola, importar comida es algo que debería indignarnos abiertamente y ocasionarnos miedo, del más profundo. Pero como se le ha dado más peso al atentado al exministro que al atentado a la economía nacional, los procesos se llevan a cabo en silencio, las bombas del caos se van implantando en las estructuras de la convivencia, y la fe se pierde.

Londoño en sus declaraciones dice que el país se está yendo al abismo. Lo que no dice es que con las políticas mal diseñadas del TLC se dinamitará la economía y el bienestar de todos los colombianos, que dejaremos de comer buen pollo para comernos los sobrados procesados en USA que no se comen ellos, ofrecidos como la gran cosa. Y una vez estalle la crisis, quizás no corramos con suerte. Con el desempleo viene el desespero y el hambre. Y el hambre es la dinamita del cuerpo. No lo olvidemos nunca

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