Cali ciudad de miedos: control social y espacio

Cali ciudad de miedos: control social y espacio

Cali, ciudad de miedos

Cali, ciudad de miedos

No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa, no saber lo que nos pasa”. Ortega y Gasset pensaba que ignorar el entorno social, político, económico y cultural, era un grave error, por cuanto del desconocimiento devienen fallas, máxime, si tenemos en cuenta que por medio de éste se ejecutan controles sociales; controles que conducen a una sociedad fatua y con inclinación por objetos superfluos. Reflejo, pues, de la neoliberalización de las sociedades.

No obstante, le asiste la razón a Michel Foucault cuando sostiene que pese a lo anterior, todavía no se ha escrito la historia sobre el espacio. Pero, ¿qué tiene de relevante el espacio en el ser humano?, ¿se puede controlar la sociedad por medio de las dimensiones espaciales?

El libro Cali, ciudad de miedos: control social y espacio, escrito por el sociólogo Hernando Uribe Castro, es una apuesta al debate. Uribe, al igual que Foucault, cree que se ha estudiado el control social desde muchas ramas, pero no desde la dimensión espacial. “Es importante tener en cuenta la cuestión del control social como una “totalidad”, es decir, que resulta de la composición e interrelación de diferentes dimensiones analíticas, que involucra lo espacial, político, económico, sociocultural y simbólico”. Así, “el control social no solo recae sobre los comportamientos de los individuos en la sociedad, sino en la forma como se configura, se construye y se diseña el espacio. El control social también se convierte en control espacial”.

La geografía, que tiene mucho que ver en ello y que merece, a decir de Uribe, un análisis mucho más profundo, está muy involucrada en la manera en que se controla éste. La geografía en tanto poder,  en tanto estudio de los espacios a controlar.

Y a todas estas, ¿qué es desde la perspectiva sociológica el espacio? Parafraseando al libro, éste es un constructor social, “el espacio no es el simple escenario físico, en el que se desarrolla la vida de las personas, sino el resultado de un conjunto de fuerzas históricas, sociales y económicas que las producen”; el hombre –señala Uribe citando a Javier Franco Silva– está, hace, tiene y comunica, en el espacio; intercala y se confronta socialmente en el espacio; por tanto, es definitivamente espacial (Uribe, 2002).

En efecto, por medio de mecanismos como el miedo, los barrios amurallados, y el estigma en ciertas comunidades, se vulneran las interacciones de los individuos, lo cual lleva a extraviar la esencia espacial.

El miedo urbano, por ejemplo, conduce a que los ciudadanos adopten  formas de paliar el mismo, de ahí el uso masivo de candados  y  rejas en los hogares: como símbolos de resguardo y seguridad. No obstante, como éstos parecen ínfimos ante el peligro inminente, los habitantes se ven obligados a hacer uso de nanotecnología  e instrumentos de defensa que son ofrecidos por el modelo que lo suscita, esto es el capitalismo del terror y del miedo (o las multinacionales del miedo, como diría Eduardo Galeano).

Por eso, el libro hace uso de la denominación de Sygmunt Bauman, según la cual esto es una sociedad líquida: “líquida porque está llena de incertidumbres, preocupaciones y ninguna estabilidad”. Dicho desasosiego obstaculiza el encuentro en la calle, genera estigmas en ciertas localidades, controla entradas y salidas; de forma que esta manera de capital crea los escenarios propicios para  y los medios que considera “ad hoc” para la protección.

En esa línea, el autor resalta que “con el miedo se logra rentabilidad; hoy más que nunca es fuente de grandes capitales. ¿Por qué entonces, querer desaparecer el miedo de la sociedad? Se podría preguntar un empresario de cámaras vigilantes (…) el miedo se ha convertido en un elemento con categoría espacial, no sólo por el hecho de que se puede cartografiar, sino que bien puede limitar dinámicas, desmovilizar o limitar intenciones de ocio y recreación, aspectos vitales para el encuentro”.

Para constatarlo baste con ver Cali, una ciudad en cuyos barrios hay una prevalencia por las rejas;  además, de una construcción masiva de centros comerciales, los cuales, como alegorizaba José Saramago en su novela “La caverna”, desplazan al hombre de su territorio habitual para de esta manera aglomerarlo en espacios consumistas o en recintos que aparentemente ofrecen la  seguridad perdida en las calles.

Con todo, el estudio invita al debate y desde luego a buscar maneras de acabar con el analfabetismo espacial. Uribe Castro es consciente de lo complejo que es en este mundo vasto e interpendiente, la lectura crítica de los elementos que nos circundan. Precisamente por eso es preciso leer el libro: para tener otra perspectiva frente a realidades abstrusas y pertinaces.

Por Jaír Villano

En alianza con periódico El Pueblo

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